Eduardo Barrón: El niño que aún mira de reojo al pez fósil que le regaló la abuela

IMG_20180222_135240.jpgUna mañana tuve la oportunidad de escuchar a Eduardo aleccionando a los voluntarios del Museo. Respondía a las preguntas de los que, luego, cuando lleguen las visitas, atenderán las dudas de los curiosos. Por un instante, este investigador de voz pausada, hacía divulgación con las maneras corteses que un ayuda de cámara mostraría ante un monarca neoclásico al abrir la Cámara de las Maravillas para su asombro o real desprecio, nunca se sabe. Explicaba cómo eran los bosques en los que hace millones de años se produjeron las resinas que hoy se conservan en forma del ámbar que hoy se estudia en el IGME, con tanto detalle que, oyéndole contarlo, sólo le faltaba el acompañamiento musical de Stevie Wonder enLa vida de las plantas, ¿o es que acaso no lo escuchan? (Si quieren ver un breve fragmento de su improvisada charla no se pierdan nuestro Instagram)

Pero pasemos a este insólito cuestionario con el que no queremos crear mal fario, sino recabar la opinión de los expertos del Museo Geominero a los que ponemos en un brete, meterse en la piel de sus homólogos brasileños el día de autos que dirían en argot policial, el del incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro. Durante la entrevista que aquí recogemos Eduardo Barrón nos hizo internarnos por las escaleras de caracol del Museo, demostrando con ello el heroísmo del que haría gala llegado el caso, para salvar la pieza más codiciada para él. No les revelamos más, les dejamos con la entrevista…

¿Qué ocurriría si el Museo Geominero sufriera un desastre de esas proporciones?

Entiendo que eso no va a suceder, porque el edificio está construido de forma diferente al Palacio donde está ubicado el Museo de Río de Janeiro; un palacio antiguo cuya estructura antigua parcialmente era de madera. Y aquí creo que la construcción es muy diferente, aunque no estoy del todo seguro al no ser arquitecto.

Al conocer la noticia ¿qué es lo que sientes como investigador?

Supongo que frustración, porque es una pérdida cultural. En este museo no sólo había colecciones de Paleontología y Mineralogía, sino también de Arqueología con una colección de Egipto muy importante, y creo que el conjunto más relevante de América Latina de elementos precolombinos. Además, había cuadros, mobiliario,…

¿Habías estado en el Museo brasileño? ¿Tenías, por trabajo, alguna vinculación con sus investigadores o las piezas que albergaba?

Yo he estado en Río de Janeiro, pero no me dio tiempo a visitar este museo.

No he tenido ninguna vinculación con sus piezas, porque no he trabajado nunca con ellos. Precisamente de Río no conozco paleobotánicos, pero sí de otras partes de Brasil. Se han debido quedar bastante mudos, porque siempre tengo bastante intercambio de e-mails con ellos y de momento no me han contestado. Deben estar un poco en shock, afectados.

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¿Podrías explicarnos qué supone esta pérdida para tu disciplina?

Un desastre, pues todas las piezas de paleobotánica del Cretácico que había bastantes, supongo que se habrán perdido. También había una colección de plantas del Cenozoico que ha debido desaparecer. Quizás los ejemplares del Carbonífero y del Pérmico como están en otro tipo de litologías, no se han perdido.

No sé si viste una iniciativa que surgió entre la ciudadanía de forma espontánea para abrazar con una cadena humana el Museo tras el incendio…

Desde el punto de vista social queda muy bien, pero se ha perdido todo. Igual eso se tenía que haber hecho hace unos meses y haber reclamado fondos para que el Museo hubiera tenido las garantías de que en caso de un desastre de este tipo o de otro se hubiera salvado parte de su colección.

“El Museo es una de las cartas de presentación del IGME no solamente por su valor histórico y científico, sino también por su valor de presentación y difusión de la ciencia”

Al parecer la celebración de los 200 años no contó con la presencia de las autoridades, lo que se interpretó como un síntoma más de su abandono. ¿Os sentís un poco más amparados en España?

Sí, claro. El desamparo ya en sí es una catástrofe. En nuestro caso, yo creo que el IGME nos ampara bastante, porque en el fondo el Museo es una de las cartas de presentación del Instituto; cuando vienes de fuera y no conoces para nada la institución, una de cosas más relevantes es el Museo, no solamente por su valor histórico y científico, sino también por su valor de presentación y difusión de la ciencia que se hace en nuestra institución.

El Museo una vez que lo conoce resulta inolvidable, pero no sé si es suficientemente conocido. ¿Se entendería la dimensión de su pérdida en caso de producirse?

No lo sé. En un país en el que lo que más interesa es el fútbol y el Sálvame, posiblemente la gente si se quema diría qué horror, qué espanto, pero al día siguiente se olvidaría.

Si tuvieras que explicar su importancia histórica, ¿qué parte de la historia se perdería con él?

Hombre, para empezar se perderían las colecciones que se formaron a partir de una gran cantidad de estudios que se han llevado a cabo desde el siglo XIX, los estudios geológicos de España hasta la actualidad, porque gran parte de las piezas que se utilizaron para hacer el Mapa Geológico de España están en el Museo. Gran cantidad de sus piezas son históricas, aunque a lo mejor los visitantes no sepan apreciar su belleza, lo que representan, si son fósiles, minerales…

¿Los documentos del Museo están digitalizados?

En gran parte, yo creo que en casi toda. Afortunadamente es un museo pequeño y desde los años 80 se viene incidiendo en todas estas cosas. La colección está casi en su totalidad inventariada y en gran parte está fotografiada y digitalizada.

¿Hay alguna pieza que si desapareciera impediría seguir investigando?

Claro, muchas. Hay colecciones completas.

“Salvaría de la catástrofe una colección de plantas fósiles del Mioceno Superior de La Cerdaña de unos quince millones de años”

Además, para los que no lo sepan, lo que alberga el Museo no son piezas muertas que ya se han estudiado, sino que se sigue trabajando en ellas.

Claro, en el Museo se sigue trabajando en ellas y yo te puedo poner el ejemplo de la colección que a mí me resultaría catastrófica que desapareciera. En el Museo hay una colección de plantas fósiles del Mioceno Superior de La Cerdaña de unos 9-10 millones de años. La Cerdaña es una región que está en los Pirineos Orientales en la provincia de Lérida en donde se desarrolló un lago y fosilizó una flora muy bonita, muy compleja, que refleja unas condiciones climáticas muy diferentes a las que existen ahora en la Península Ibérica. Fue descubierta y publicada a finales del siglo XIX en los años 1884-5 por un investigador francés que se llamaba Louis Rérolle que terminó siendo conservador del Museo de Historia Natural de Grenoble. Este hombre hizo una serie de publicaciones y describió una serie de especies nuevas para la ciencia, pero su colección se perdió, seguramente durante la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, aunque hay publicaciones en donde se narran distintas excursiones que se hicieron a La Cerdaña por investigadores o por aficionados, nadie más se ocupó de esta flora hasta que lo hicieron dos investigadores catalanes, Villalta y Crusafont, el primero terminó siendo investigador del CSIC y el otro, creo que fue catedrático de Paleontología de la universidad de Oviedo y luego fundador del Instituto de Paleontología de Sabadell. De jovencitos fueron a La Cerdaña y parte de la colección que recogieron la trajeron y donaron al IGME -estoy hablando de los años cuarenta del siglo pasado-.

¿En dónde radica la importancia de esa colección?

Lo interesante es que a partir de ella hubo un segundo reestudio de esta colección. Tenemos una colección no muy grande, pero muy selecta, con ejemplares muy buenos que están expuestos en la vitrina de La Cerdaña, en la primera planta. Todos son elementos históricos de los años 40 y con especies muy características. A mí esos ejemplares me sirvieron en la confección de mi tesis doctoral. Yo vine aquí a principios de los años 90 y me quedé maravillado, pero después durante el estudio de mi tesis doctoral Villalta, ya a pocos años de su fallecimiento, donó su colección que estaba en la Universidad de Barcelona, al Museo de Martorell: el Museo de Geología de Barcelona. Yo también fui a Barcelona a estudiar esa colección durante mi tesis y lo que me encontré fue que (aquí Eduardo hace un esfuerzo adicional por hacernos entender), en plantas se estudian compresiones e impresiones, de modo que cuando ves la roca tienes un molde y un contramolde y en varios casos, de la flora de La Cerdaña nosotros tenemos el molde y allí está el contramolde, con lo cual tenemos el mismo ejemplar en dos sedes diferentes.

En positivo y en negativo…

Lo cual da mucho más interés histórico, aunque sea anecdótico, a esta colección.

Te sigues emocionando al hablar de ello…

Es un trabajo con el que lo pasé muy bien y al final lo pasé muy mal, como en toda tesis doctoral.

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Parte de la bibliografía del investigador en su despacho del Museo Geominero

¿Es la colección que rescatarías por ese motivo emocional o porque tiene un valor científico?

No, porque tiene un interés científico. En la actualidad para volver a estudiar esa flora habría que hacer un movimiento de tierras en La Cerdaña para aflorar de nuevo los  yacimientos y, a lo peor, estos yacimientos ya no tienen tanto material paleontológico como tuvieron en el pasado. Así que, si dijeran mañana que se incendia el Museo, yo  entro con una bolsa ignífuga a rescatarla.

Imagino que habrás visto imágenes de conservadores de Brasil que sí pudieron acceder al suyo. Tú lo harías por lo que nos dices…

Yo sí entraría. Además, yo soy “bombero” de este edificio; me toca desalojar a la gente cuando hay una alarma de incendios.

¿De otras disciplinas que no sean la tuya qué rescatarías?

Otra pieza que sacaría es el mastodonte que tenemos a la entrada.

IMG_20180222_135155Algo fácil, vamos… (Para los que no hayan visitado el Museo les podemos asegurar que eso demuestra su pasión por la pieza, y si no, fíjense en las dimensiones y el peso que puede tener el ejemplar al que se refiere el investigador).

Es una pieza muy espectacular del Campo de Calatrava, de la provincia de Ciudad Real a la que también tengo mucho cariño, porque en mis comienzos estuve en una serie de excavaciones en las que quizás sea este uno de los ejemplares de mastodonte que extrajimos. Y muy particular, porque en esta zona había vulcanismo durante el Plioceno. Parece ser que esos volcanes que estaban en activo en lugar de lava emitían gases. El paisaje que existió en el Campo de Calatrava fue un tipo de pradera en donde vivía una fauna de tipo africano; había mastodontes, gacelas, rinocerontes, creo que guepardos. Del subsuelo salían los gases volcánicos y entre estos gases había CO2, un gas pesado que se estratifica hasta que se dispersa a ras de suelo y dificulta la respiración de los animales. Así, los mamíferos mencionados se asfixiaron y murieron. El yacimiento de donde proviene el mastodonte se denomina “Las Higueruelas” y se descubrió porque curiosamente un señor con un tractor arando desenterró la defensa de un mastodonte, ya que tras las emisiones volcánicas quedó toda la biota muerta y enterrada.

O sea que no rescatarías las piedras preciosas de las vitrinas centrales que tanto llaman la atención…

A mí el joyerío no me mola, como que no me va.

¿Tenéis la potestad de recomendar a la dirección conservar alguna pieza en los armarios ignífugos?

Se emiten informes de ese tipo, pero no es mi caso, en los que podemos sugerir lo que entendemos que debería estar guardado. Y una tercera cosa que rescataría es una colección que ha entrado recientemente en el museo. Se trata de la colección de Ramírez del Pozo, un micropaleontólogo español muy importante que estudió desde los años 60 hasta los 80 -a lo mejor me equivoco- gran parte de los foraminíferos, charofitas y ostrácodos de yacimientos mesozoicos de gran parte de la península. El resultado de sus estudios están reflejados en muchas publicaciones y más concretamente en la serie MAGNA que ha confeccionado el IGME. Esta colección, que ha sido donada por la viuda de este investigador, se encuentra en fase de catalogación y estudio en nuestras dependencias.

Una exquisitez…

Sí, porque nos ha llegado con los muebles originales, con sus bandejas a medida y que próximamente se podrá ver. Que se perdiera sería una catástrofe.

“Me parece superimportante que todo el material paleontológico que genere se quede en la colección para las generaciones venideras y para los investigadores del futuro”

Sigues con el mismo interés de un niño en un escaparate de caramelos…

Porque yo soy un vocacional de la Paleontología. Y a mí esto, voy a decir una vulgaridad, me pone cachondo. Me parece superimportante que las colecciones y piezas de las que he hablado queden en los fondos del Museo; igual que todo el material paleontológico que genere durante mi relación laboral con el IGME me parece importante que se quede en la colección del Museo Geominero para las generaciones venideras y para los investigadores del futuro.

¿Aprovecharías la confusión para llevarte alguna pieza a casa?

No, porque yo no soy coleccionista. Como soy vocacional, desde que era pequeño estaba en este rollo aunque no sabía si me iba a dedicar a la Paleontología alguna vez de forma profesional. Por esta razón, uno de los regalos que me hacían por Navidad eran fósiles. Estos fósiles que han estado en la estantería de casa de mis padres durante una gran parte de mi niñez y de mi adolescencia, están ahora aquí, en las colecciones del Museo Geominero. Yo no quiero en casa cosas de este tipo.

¿Y tenían valor los que te regalaban?

Bueno, tienen su interés. No son tipos, pero…

¿Y los tienes identificados?

Claro, incluso hay alguno que está expuesto. Se trata de un pez de Brasil que me regaló mi abuela que compró en una tienda de fósiles, minerales o vete tú a saber dónde, y que me regaló por Reyes.

Pues sí que sabía tu familia de esto…

No, no sabían, porque ni mis padres ni mis abuelos tienen conocimientos sobre el tema, pero como yo era un chalado al que le gustaba todo esto y cuando veía una tienda en donde vendían fósiles me quedaba como tonto mirando el escaparate, me lo regalaban. Quizás era un niño atípico, ¿no?, un poco repelente.

En lugar de corbatas y calcetines…

Claro, corbatas, pocas, porque no suelo usar y no sé hacerme el nudo. Tengo una, por si alguna vez viene alguna visita importante al IGME y tengo que dar la cara.

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SU CV, ¡SEA BREVE, POR FAVOR!

Científico titular del IGME, adscrito al Museo Geominero, especializado en Paleobotánica del Terciario, concretamente el Neógeno y Palinología del Mesozoico. Ahora me encuentro centrado en los palinomorfos que acompañan al ámbar del Cretácico de la Península Ibérica. No sé si llevo doce o trece años en la plantilla del IGME.


PROYECTOS DE INVESTIGACIóN

 

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