Lute te hará dudar

IMG_20180907_111055De Lute podríamos decir que es el creador de la reproducción del flysch de Zumaia, de réplicas de icnita en Cabañeros o de las estalagmitas en El Soplao y uno de los especialistas más reconocidos, por ser uno de los pioneros. Considera que la geología le ha hecho muchos favores y que está donde siempre quiso estar, aunque tardó muchísimo, ayudado por la mirada sabia de su mujer que, sabiendo que lo suyo con la geología era vocación absoluta, le respaldó para que compaginara un trabajo en el que seguir viendo a sus hijos, cuando no existía la conciliación, y que le gustara. Así es como entró en la Escuela Oficial de Conservación y Restauración de Bienes Culturales donde se especializó en Arqueología, porque sigue sin haberla de Geología y tras dar muchas vueltas por muchos museos (de Arqueología, Ciencia y Tecnología o el Instituto de Patrimonio Histórico Español, entre otros),  “terminé en mi sitio natural donde conservo y restauro fósiles y minerales, complemento perfecto de la geología”, asegura.

En el hablar de Lute encontrarán al hombre sencillo, ése que con sinceridad habla de un mundo ficcional, el de las réplicas, que ayuda a preservar un patrimonio a veces olvidado, cuando no maltratado y que cuida el copiado de cada pieza para hacer de cada ejemplar el mejor retrato. De haber visto su Laboratorio, se sorprenderían; nadie pensaría que de aquel estudiado desorden surgen soluciones innovadoras, a veces fruto de la persistencia con la que sabemos trabaja, y que espera poder transferir a los epígonos de una ciencia que él mismo está contribuyendo a crear. Casualmente Eleuterio Baeza, déjennos llamarle así al menos una vez, formó durante una semana a una profesional que quería reproducir peces fósiles del yacimiento de Santana y se fue encantada, tras aprender a hacer moldes y réplicas con una calidad muy buena. Así que, volvamos a la extraña hipótesis sobre la que estamos trabajando, la de un indeseable incendio en las salas del Museo Geominero para conocer a fondo al investigador…

¿Puede haber razones para preocuparnos?

Hay diferencias notables con la situación que podría tener este museo brasileño, sobre todo en cuanto a precauciones. No obstante, los peligros existen, por eso es necesaria una mayor vigilancia y ofrecer soluciones para evitar sustos con temas, por ejemplo, relacionados con el cableado o con la luz. Sería bueno que hubiese cámaras en la sala principal del Museo (como las hay en los pasillos de acceso) y que se cambiara el cableado, tanto el eléctrico general como el de las alarmas de las vitrinas del pasillo.

¿Qué sentiste al ver las escenas del incendio del Museo de Brasil?

Fue terrible, sobre todo cuando descubres el tipo de piezas que había, la importancia que tenían, Era un museo muy amplio, de arqueología, paleontología…

¿Y cómo viviste la noticia?

Entre otras cosas, reviví lo ocurrido unos años antes en India, en el Museo de Historia Natural, donde había taxidermia y muchos herbarios, también de un valor incalculable, y se quemó por una razón similar. Esto se puede volver a repetir. Y eso nos lleva al que, creo, es uno de los grandes problemas, también en España: la falta de cultura. Si hay una conciencia de que hay que invertir un poquito para salvar mucho habría que hacerlo.

Como experto esas imágenes te duelen más…

¡Claro! Es que es irreversible, porque hay piezas que se han perdido para siempre; ni siquiera sería posible recuperarlas utilizando nuestra patente y conservando la forma o el aspecto. Las piezas importantes deberían haber estado en cámaras acorazadas o armarios ignífugos y así no les hubiera pasado nada porque habría dado tiempo a los bomberos al menos a salvar esa parte.

Porque parece que no todo estaba digitalizado…

Algunas son irreproducibles, incluso en nuestro caso por el tema de las siglas; al menos tendría que haber sigla y foto de todas las piezas del museo.

Explica para los no doctos  qué es una sigla…

Una sigla es un pequeño número que define la pieza y va unido a ella. A veces informa hasta sobre el año, qué tipo de colección es y el número de serie correlativo; es como el DNI de la pieza. Si se pierde es como si se perdiese la pieza; puedo tener 18.000 cinabrios, pero cada uno tiene una sigla y cada pieza es singular y está adscrita a una localidad diferente, a un momento de recolección diferente. Si eso lo tengo informatizado, la pieza tiene la sigla y hay una fotografía, el cinabrio probablemente se afecte mucho por el incendio, pero se puede identificar.

“Las réplicas son indistinguibles, incluso para expertos, porque están basadas en la patente de invención exclusiva del IGME, que nos permite hacer piezas iguales si le dedicamos el tiempo suficiente”

Porque a partir de libros donde haya podido salir este cinabrio concreto o estudios de investigación ¿se podría recuperar algo?

Si es una pieza histórica que está figurada en un trabajo sí, porque ya está fotografiada y descrita, pero la generalidad de las piezas no está figurada en ningún sitio y las más importantes las bajamos al armario ignífugo, porque son tipos. En la vitrina se pone una pieza absolutamente igual, aunque en la cartela se identifica que es una réplica y en la sigla después el número -que es el mismo que el original- pone un guión y una R; R de réplica. Así, por la sigla, se puede ver que es una réplica…

Pero son indistinguibles desde fuera de la vitrina…

Sí, incluso para expertos, porque están basadas en la patente de invención exclusiva del IGME, que nos permite hacer piezas iguales si le dedicamos el tiempo suficiente.

¿Qué piezas se guardan en los armarios ignífugos?

Son pocas, solamente las más importantes.

 Volviendo a las imágenes del incendio de Río de Janeiro, en ellas se ve también a  conservadores que acudieron a salvar lo que podían del desastre. ¿Habrías sido de los que te hubieras metido en el edificio para recuperar algo?

Una vez que no corriera peligro sí que intentaría sacarlo todo. Pero creo que los esfuerzos deben encaminarse a evitar que eso ocurra, primero porque es más barato y, en segundo lugar, porque después poco se puede recuperar.

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 En tu caso se haría complicado entrar en el Laboratorio…

Claro, claro, entraría dentro de la sala de exposición. Pero en los laboratorios evidentemente hay productos que una vez que entran en ignición generan gases incluso mucho más tóxicos que los propios productos químicos, con lo cual es un riesgo muy importante. Habría que esperar a que estuviera bastante apagado para entrar aquí.

No todo el mundo tiene constancia del valor de este tipo de museos frente al Prado o el Thyssen. ¿Cómo explicarías la importancia de lo que alberga el Geominero?

Sucede con los  Museos de Patrimonio Natural;  por desgracia, los fondos de una pinacoteca se suelen llevan el grueso del dinero sistemáticamente. Eso es así, precisamente, porque la gente lo valora más.

Las piezas del Geominero nacen con la Comisión del Mapa Geológico a mediados del siglo XIX, cuando se confeccionan los mapas geológicos de España. Las piezas originales, muchas de ellas, están aquí, tanto fósiles como minerales ,y no están todas porque durante la Guerra Civil se perdió documentación, se perdieron piezas. Estuvo abandonado, pero muchas piezas son las que han servido para generar los mapas geológicos.

Pero no mucha gente aprecia las rocas o los minerales…

Es un problema de cultura, porque ¿cuánta gente sabe qué es un mapa geológico y para qué sirve? En los planes de estudio la Geología está desapareciendo y cuando no conoces algo no lo valoras. El conocimiento tiene que partir desde la escuela.

Además de rocas y minerales también hay fósiles, documentos…

Hay placas fotográficas de Domingo de Orueta en las que por primera vez en España, y concretamente en Madrid, se hacen fotografías al microscopio de minerales con luz polarizada y además son fabulosas. Es un tesoro que tenemos aquí, porque tenemos las placas originales. Eso es desconocido para el gran público y es algo que habría que mostrar a la prensa. Este señor, que fue director del IGME, era colega de Ramón y Cajal, del que tampoco se sabe que escribió un libro que se llama “La fotografía de los colores”. Un libro increíble, con un nivel científico brutal para ese momento. Habría que enseñar a un niño qué es una placa fotográfica hecha de granos de almidón que salen de la patata. Porque, aunque no entienda muchas de las cosas, de este modo le vas introduciendo la curiosidad, que es lo que hay que fomentar.

¿Hay alguna pieza a la que tengas una querencia especial por la que entrarías en caso de incendio?

Tenemos una copia del meteorito de Cabañeros de Retuerta de Bullaque -al propio original le faltan dos trozos- y aquí tenemos la réplica completa de muchísima calidad, también difícil de distinguir del original. Pero no pasaría nada, porque tenemos los moldes también basados en la patente. Podríamos reproducirlos sin ningún problema, así que tampoco habría que salvarlo, porque hemos tomado medidas y además se han hecho varias copias. Esa es una labor que no parece importante pero sí lo es, porque la pieza se puede destruir, se puede quemar o la pueden robar, pero siempre tendríamos la copia, porque yo mañana me pongo y hago otra, reproduciendo la forma, el aspecto, el color. Evidentemente, nunca va a sustituir a un original, jamás, pero al menos puedo conservar algo.

Seguramente la pepita de oro o los diamantes son lo más llamativo o reconocible, ¿hay alguna pieza que pase desapercibida, pero con un valor insustituible?

Muchas, pero si es un holotipo, si es la primera vez que se describe una especie, al tener un valor científico realmente grande, está guardada en los armarios ignífugos, no estaría expuesta. Los mastodontes curiosamente los excavé yo en el año 84 en un cráter de Ciudad Real. Esas sí que serían mis piezas, pero si hay un incendio están pegadas con adhesivos que arderían. Entonces lo que encontraríamos serían fragmentos. Lo que sí que habría que hacer es contratar a un restaurador profesional, no los aficionados que se están cargando el patrimonio mientras nadie hace nada, porque no hay colegio profesional, ni una legislación seria. Contrataría a un profesional para que esos fragmentos los volviera a unir, a limpiar y a recuperar para exhibir de nuevo. Pero las piezas no están completas, se han fragmentado y se han unido con espigas algunas por su peso. Eso iba a sufrir muchísimo, pero yo no podría entrar corriendo y llevarme un fragmento, no tendría sentido. Yo pondría el museo entero después del incendio en manos de restauradores sin ninguna duda. Sin un restaurador casi nada sería recuperable, al menos en aspecto, y habría piezas que se perderían para siempre y otras se podrían recuperar perfectamente. Pero el restaurador-conservador es el único que podría tratar la pieza, evidentemente con la ayuda de los investigadores que las conocen y saben qué problemas adicionales pueden tener.

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El Museo Geominero tiene el inconveniente de ser una especie de sorpresa oculta dentro de un edificio oficial que no todo el mundo conoce.

Ya, porque lleva poco tiempo abierto al público en condiciones, desde el 86. No es como el de Ciencias Naturales que lleva abierto desde el siglo XVIII. No es comparable ni en fondo ni en nada, pero claro, es una joya en sí mismo, tiene unas vidrieras, un mobiliario que son únicos e históricos, además de muchísimas piezas, tanto históricas como de reciente incorporación.

Para la gente que no ha entrado en el museo ¿cómo le contarías de una forma gráfica cuál es la sensación al entrar en el edificio?

La sala del Museo les va a dejar con la boca abierta y mirando hacia el techo se van a quedar ahí unos minutos impactados; solamente por el edificio ya merece la pena. Luego tiene otra ventaja: hay muchísimos museos que, por falta de personal, presupuestos y demás las piezas son decimonónicas, no están actualizadas. Aquí, mejores o peores en calidad, están actualizadas y cuando uno lee un fósil en una cartela es real; permanentemente vienen investigadores y lo actualizan. Ese es el valor más importante creo yo que tiene el Geominero, que ahí sí que no  se escatiman esfuerzos. Y, además, es gratuito.

“El propio edificio les va a dejar con la boca abierta y mirando hacia el techo y se van a quedar ahí unos minutos impactados; solamente por el edificio ya merece la pena. El Museo Geominero es una joya en sí mismo, tiene unas vidrieras, un mobiliario que son únicos e históricos”.

Y es una colección viva, con estudios y aportaciones de coleccionistas…

Claro, se estudia de forma permanente. Ese es el gran valor que tiene el museo. Y lo mismo con los minerales. Cuando hay una duda, se coge una pequeña muestra y se lleva a difractar y sabemos si es esa especie mineral o no. También tenemos un compañero, Ramón Jiménez, que está constantemente haciendo intercambios, y cuando hay una excavación se va a visitarla. Y no se coge cualquier cosa, evidentemente. Pero hay intercambios permanentes para que las piezas sean las mejores.

¿Alberga el museo piezas imprescindibles para la investigación del futuro?

Sí, hay muchas referenciadas, claro. Ahora mismo no, pero en un futuro, seguro. Hay minas que ya se han cerrado y hay piezas que serían valiosísimas, porque ya no se pueden volver a recuperar, por ejemplo, de Hiendelaencina han salido piezas fabulosas y es una mina cerrada y hay sulfusales de plata que ya no hay manera de conseguir. Los mejores ejemplares los tiene la Escuela de Minas, porque los ingenieros siempre tenían prioridad frente a un geólogo. Pero evidentemente, aquí tenemos piezas muy buenas que ya están replicadas, porque nos hizo un encargo el propio municipio para poder mostrar ejemplares indistinguibles de los originales. Tengo algunas réplicas  guardadas en un armario.

La tuya es siempre una perspectiva distinta, por esa consideración de que las cosas se pueden replicar, teniendo la información digitalizada o guardando copias de los originales.

Los estudios se hacen sobre un original, pero si éste se ha perdido pero tengo una copia de muy alta calidad,  al menos lo puedo seguir contemplando. Esto da mucho juego, como estamos viendo en la exposición que ahora mismo está en León. Se llama “¿Original o réplica?”  y en ella se trata de determinar qué piezas tanto de fósiles como de minerales son originales y cuáles no.

Y dónde va a estar próximamente.

Ya hay solicitudes. Lo triste sería que esté guardada en los armarios. Lleva ya quince itinerarios por España y va a seguir. Es una exposición pequeña y que tiene un sentido didáctico que es que tanto adultos como niños intenten distinguir cuáles son originales y cuáles no. Y con eso aprendan y se habitúen a ver qué es un fósil.

¿Suelen tener mejor ojo los niños o los padres?

Pues es curioso, porque cuantos menos conocimientos, más aciertan. Vamos a meter toda la información en una base de datos a ver qué concluimos. Cuando estuvo en el IGME, donde se supone que la gente sabe qué es un fósil o un mineral, hubo más errores, porque probablemente por deformación iban a pequeños aspectos que yo me había molestado en que se parecieran a la original y ellos pensaban que eran originales y eran copias.

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¿Hay algún trabajo del que te sientas especialmente satisfecho en este tiempo?

Hay muchas réplicas de Granada, de Fonelas. Por ejemplo, un equus, un cráneo que apareció en Granada, una mezcla de caballo y cebra fósil. Eso es de muy buena calidad, pero de otros fósiles que están guardados en los ignífugos sus copias que están puestas en vitrina son iguales de calidad. Claro que me siento orgulloso, porque he conseguido que no sean distinguibles y que la gente pueda contemplar una pieza que no es real como si lo fuera, salvo por la cartela. Cuando yo llegué aquí no tenía ni mucho menos ese nivel de calidad y por eso surgió la patente.

A lo mejor las piezas sí son reemplazables por las réplicas, pero no sé si alguien te va a tomar el relevo en el futuro…

Espero que sí. No hay mucha gente especializada en conservación de ejemplares geológicos, más en los paleontológicos, en minerales mucho menos. Hay mucho aficionado pero que hace tratamientos que no documentan, que a veces se cuentan, pero más de ensayo y error. Está por hacer; es un campo muy amplio.

Es un negocio en extinción…

No, al contrario, la conservación y restauración de minerales est en sus inicios todavía. Hay un libro muy bueno inglés de 1995 que es como la Biblia, y a partir de ahí tienen que salir especialistas. Ahora por fin voy a tener a una persona con un contrato, después de tres años y pienso pedirlo todos los años, porque en nueve años me habré jubilado y quiero dejar un equipo que sepa lo que sé yo y muchísimo más.

O sea, nada de conservar el conocimiento para mantener el secreto alquímico…

Cualquier persona debería hacerlo, pero en este caso los funcionarios estamos al servicio de la sociedad y lo que tienes que hacer es contar es absolutamente todo, incluso ir a congresos y contarlo, aunque lo utilicen empresas, porque la única manera de avanzar es esa. Yo he tenido la suerte de aterrizar aquí, y sería tristísimo no formar un equipo antes de irme, sería imperdonable. Y va a costar muchos años que esas personas cojan tablas. Eso es lo peor que llevo, que esa experiencia no se aproveche. Es un crimen. En mi caso, tengo claro que tengo que dejar aquí un equipo, porque está por hacer todo. Están apareciendo nuevos productos que pueden servir para pegar, consolidar, proteger. Los bienes culturales son efímeros todos, al menos a largo plazo. No puede ser que un Museo de Ciencias Naturales Nacional no tenga restauradores en plantilla. teniendo unos fondos brutales. Eso sí es para sacarlo en la prensa y para decir, tenemos el país que tenemos, porque no hay conciencia ni social ni los políticos se ponen las pilas. Si es que no es tan caro, lo caro es recuperar lo que ya se ha perdido. Eso sí es caro.

¿Sería factible que alguien hubiera podido aprovechar el incendio del museo para entrar y recuperar una pieza y tenerla en su colección privada?

Por desgracia pasa en todos los países; no es lo general. Cualquier investigador tiene claro que una pieza importante tiene que estar en un museo, pero yo sí que conozco gente que tiene piezas en su casa y son gente reconocida.

SU CV, ¡SEA BREVE, POR FAVOR!

Básicamente diría que soy geólogo y después conservador, hice la especialidad en arqueología. He ido a todos los congresos y reuniones a las que he podido, tanto de restauración como de Geología y tengo varias exposiciones itinerando por España. Esto junto con la edad, hace que mucha gente haya oído hablar de mí.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN

 

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