¿Puede una emoción lograr un cambio de paradigma en la relación humedales-aguas subterráneas?

La experiencia del Hidrogeodía 2018

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En la imagen. Javier Heredia, Luis Moreno, Carlos Baquedano, Almudena de la Losa y Carmen Serrano

El equipo del Hidrogeodía  (Luis, Javier, Almudena, Carlos, Fabio, Carmen, Raquel y Juanjo) se caracteriza por su dispar formación, que incluye además de la geología, la hidrogeología, ingeniería, las ciencias ambientales, la farmacia y la edafología.  Esta preparación dispar, esta multidisciplinariedad, aseguran que enriquece mucho su trabajo, pues finalmente, como dice Luis Moreno, si bien todos se apoyan en el sustrato de la geología, cada uno aporta una visión particular. Así, con su trabajo conjunto superan una visión limitada de la hidrogeología, que permite abordar su vínculo con otros elementos del ciclo hídrico. En este sentido comenta Javier Heredia: “Históricamente, el hombre encontró en los humedales  un ambiente insalubre que sólo al desecarlos -eliminándolos- los podía controlar como fuente de enfermedades, con el valor añadido que una vez drenados se podía contar con tierras ricas en materia orgánica para la agricultura. Ha sido en época muy reciente en que una vez controlados los problemas de salubridad y, en buena medida, los de disponibilidad de alimentos, el hombre pudo valorar a los humedales como un espacio singular de biodiversidad, cuya riqueza se debía preservar. Esta toma de conciencia, iniciada con el Convenio de Ramsar (1971) ha sido lenta y progresiva, por ello  recién en la última década se ha comenzado a tener una visión integradora de los humedales. Y esto a pesar que el origen de los humedales está estrechamente ligado a procesos geomorfológicos”. Luis, intentando ser más gráfico nos pone un ejemplo revelador: “La mayor parte de los humedales no se sustentan en el agua superficial, sino en la subterránea. Hay un montón de humedales que se han secado y sin ellos se acabó la biodiversidad. El enfoque exclusivamente biológico, por ejemplo en las Tablas de Daimiel, se centró durante décadas en la observación de las aves, y solo se dio al agua subterránea la importancia debida cuando el humedal llegó a secarse”.

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Almudena de la Losa en plena explicación

De ahí la importancia de acercarse al gran público con convocatorias como el Hidrogeodía. Almudena de la Losa nos cuenta  que este año se ha celebrado en 17 provincias, frente a las 8 de la edición anterior. “La idea surge de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos (IAH) y siempre se intenta que sea cerca del 22 de marzo, Día Mundial del Agua. Este año se ha propuesto participar a más gente , que han accedido a organizarlo alcanzando un éxito mayor al del año pasado“. Al preguntarles qué tipo de gente se apunta a estos eventos, Luis nos comenta que suele ser “gente curiosa, a la que le gusta la naturaleza. En general, es gente no muy joven, lo que llama la atención. Se intenta dar visibilidad, siguiendo el precedente sentado por el Geolodía”. Por eso, añade Javier “a la par de mostrar aspectos relacionados con el patrimonio hidrogeológico, en el sentido de preservarlo y disfrutarlo, se cumple una función de sensibilización. En este sentido se mostró en la salida de Madrid la laguna de Campillo, un sitio degradado que gracias a una política de protección medioambiental ha sido recuperado. En contraste con ello se visitaron otros dos sitios, la dolina de Titulcia con un valor geológico singular pero que se encuentra en un estado lamentable llena de basura y el mar de Ontígola que es un humedal artificial de gran valor histórico, que actualmente está parcialmente aterrado, recibiendo aguas contaminadas y con su ribera invadida por vegetación foránea”.

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Fabián Luis López explica a los asistentes los pormenores de la Laguna del Campillo

Luis asiente apesadumbrado, “si vas a las lagunas del sur de Madrid es inevitable ver el mal estado en que se encuentran y por eso es importante sensibilizar a la gente respecto a la necesidad de preservar y mantener el medio natural. Es muy interesante aprender sobre el abastecimiento del agua, cómo venía hasta la ciudad de Madrid, aunque haya que madrugar un sábado y además esté lloviendo”. Javier se muestra optimista, sin embargo: “No fue precisamente un día de sol, pero fue bonito con frío y viento… ver a Almudena dar las explicaciones debajo de un puente y que, pese a ello (!), todo el mundo la estaba escuchando”. “Es verdad -concede Luis- ninguno de los asistentes se quejó”.
Y Javier subraya, “porque el que prueba, repite, tratamos tanto temas geológicos como  ‘ajenos’ a la geología, van desde los primeros asentamientos visigodos en Madrid, hasta la gran expansión que sufre con Felipe II”. Carlos Baquedano, el más joven del grupo corrobora las afirmaciones de Javier: “Muchas veces lo que les atraen son estas curiosidades. Esta perspectiva histórica interesa a los que no saben de geología. Y otro tema que a todo el mundo le importa siempre es el agua”. Aunque por encima del anecdotario histórico que complementa la visita, el ingrediente principal del Hidrogeodía es la implicación de sus expertos. “Todo esto es algo que hacemos por amor al arte. Quienes trabajamos en hidrogeología somos gente que hace algo que nos enamora y lo que deseamos es transmitir esa emoción, contrariamente a la percepción que a veces se tiene de la ciencia. Seguro que en su día, si hubieras ido a visitar a Marie Curie, lo hubiera dejado todo para enseñarte lo que estaba haciendo”, dice Luis. “Puede ser que tenga que ver con el tipo de actividades que desarrollamos, con el hecho de que al hacer mucho trabajo de campo se necesita un intenso contacto con la gente. Es muy importante saber dónde hay manifestaciones del fenómeno que tú estás buscando: dónde está un sumidero de agua o la fuente donde la gente bebe tradicionalmente”, apunta Javier. Por eso -completa Almudena- “intentamos aproximar a la gente al lenguaje más técnico, introduciendo algunos términos técnicos o científicos. Buscamos trucos para comunicar y hacerlo más accesible y fácilmente entendible”.

Los hidrogeólogos somos gente que hace algo que nos enamora y lo que deseamos es transmitir esa emoción

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Javier Heredia, aprovechando las alturas para captar al público asistente

Lo que el ojo no entiende

En esa tarea divulgativa, Luis Moreno considera que concurren dos problemas desde el punto de vista del atractivo, porque “la hidrogeología parece poco dinámica frente a la biología, no es así, aunque es cierto que los tempos son diferentes y sus fenómenos están ocultos en su mayor parte, salvo cuando estás ante un manantial o una laguna, que pueden ser observados directamente. Hablar de algo oculto como las aguas subterráneas que se mueven muy despacio requiere una gran capacidad de abstracción. La geología se basa en la interpretación y va variando con el tiempo, las técnicas y el conocimiento. Nunca se llega a conocer, porque buena parte siempre es interpretativa”. Javier, con su gracejo argentino y la vehemencia del calor del debate, no puede más que matizar la frase de su compañero: “Sin embargo, la Geología siempre está ahí y muchas veces nos extasiamos viendo un paisaje en la costa, una montaña, una catarata o un manantial, pero  no identificamos que lo que estamos viviendo es geología.”. Llegados a este punto, Carlos cierra la polémica: “Lo bueno de estas salidas del Hidrogeodía es que la gente se asombra al ver las lagunas y además obtienen una satisfacción al entender su formación y funcionamiento hidrogeológico, incluso llegan a entender el proceso dinámico”.

A lo largo de su exposición en el Hidrogeodía, Almudena nos explica cómo se centraron en explicar el origen de la laguna del Campillo, que pese a lo que podamos pensar es artificial, “la mayoría de la gente desconoce que el origen de la misma es una gravera para material de construcción”. Porque, de las 122 lagunas en el sureste de Madrid, 115 son artificiales y tienen el mimos origen, nos puntualiza Javier: “Luis hizo notar la generación de esas lagunas artificiales eran como destapar el acuífero y por eso se convierten en una puerta de entrada para la contaminación de un recurso que se utiliza, sin que el suelo sirva ya como filtro. Almudena, comentó además, sobre el uso de los paleocauces existentes previos a las lagunas, lo que permitió entender que el consumo del agua, el aprovechamiento de la misma y el bienestar del paisaje también depende de cómo vivimos nosotros para no degradarlo”. Una vez más, Luis en su afán de que no nos perdamos en la explicación nos dice plásticamente: “La mayor parte de esos agujeros eran graveras para hacer Madrid, es decir, en negativo están esos agujeros para extraer todo el material de construcción y en positivo están ahora estas lagunas”.

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Cualquier momento es bueno para hacer una parada en el camino

Para qué sirve “perder” una mañana

Almudena nos asegura que antes de anunciar la próxima edición, la gente ya se apunta y Luis no puede dejar de pensar en que la limitación de este año ha sido de financiación, a lo que se sumaron pequeños inconvenientes como “el acceso a los lugares, que nos obligan a llevar coches pequeños o microbuses, porque no se puede acceder directamente a los sitios”, problemas que resuelven, y concluyendo satisfechos del resultado obtenido: “Ahora estamos con mucha energía”. Parte de ella la ocuparán en debatir el tema de la próxima convocatoria para la que tienen un año, que siempre se les hace corto y es que al final el hombre, por naturaleza es curioso. Así, procurando satisfacer esa curiosidad y tratando a través de ello de crear sensibilidad y conciencia en la preservación de los recursos ambientales se preparan las nuevas ediciones del Hidrogeodía.

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“Qué queda de lo que un día aprendí”

Les proponemos que demuestren la eficacia del Hidrogeodía a dos voluntarios, Marta Campesino y Pablo Gabaldón, que se prestan a participar para poner a prueba sus conocimientos. Se apuntaron, aunque el tiempo tampoco fue benévolo con ellos en esta ocasión y les enganchó tanto que se plantean ir al Geolodía en Madrid o Segovia. Veamos si le sacaron partido a esa mañana lluviosa.

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Pablo, a la derecha de verde y negro y Marta, a su izquierda de azul, junto a algunos de los valientes de este Hidrogeodía madrileño 2018

¿Mereció la pena?

Pablo: Estuvo bien, aunque fue duro, porque estaban cayendo chuzos de punta y había ráfagas de viento.

Marta (dice sonriendo): Los mapas volaban.

Pablo: Oír y entender fue un poco incómodo y tuvimos y sobre todo, tuvieron los expertos que mantener el tipo, pese a las inclemencias.

¿Qué es lo que llama la atención que es el que te contaron que no supieras?

Pablo: Por ejemplo, yo vivo en uno de los puntos que se recorrieron durante el Hidrogeodía. Vimos cómo funcionaba la laguna. Yo creía que era una laguna estancada, pero resulta que tiene corrientes subterráneas que van recibiendo agua y soltándola.

Marta: Nos llamó mucho la atención que de las lagunas que vimos las había naturales y artificiales, aunque si las ves parecen todas iguales, y luego nos enseñaron a reconocerlas. No pensábamos que hubiera tantas, 122, en la Comunidad de Madrid. Pues resulta que en Madrid hay más agua de lo que uno pensaba…

Pablo: La laguna tiene un acuífero que al aflorar a través de las lagunas recibe la contaminación desde fuera.

Marta: Nos contaron que antes no era así, no había ninguna. Madrid está hecho sobre arenas y la historia es que tuvieron que sacar gravas para la construcción de la ciudad. Entonces al quedar al descubierto el acuífero se puede contaminar, cosa que antes no pasaba.

Pablo: Otro tema que no se conoce es la dolina que tiene un interés geológico grande.
Es una pena que esté tan deteriorada, porque la gente echa basura: había un coche, una lavadora, ropa tirada…, frente a la laguna de San Juan que, por el contrario, parecía estar mejor cuidada.

¿No os aburristeis hablando sólo de hidrogeología?

Marta: ¡Que va! Un detalle que contaron sobre el Mar de Ontígola donde se construyó una presa para hacer batallas navales en la época de Felipe II me pareció muy curioso.

Pablo: Parte de la presa, por lo visto se la atribuyen a Juan de Herrera y la presa fue en tiempos toda una aventura, porque pensaban hacerla como las de Holanda, de gravedad y luego decidieron hacerla de contrafuertes. Y a pesar de que fue un fracaso, entonces era el sitio donde los nobles se iban a pasar el día.

Marta:  Sí, es que entonces la nobleza se aburría. El caso es que era una moda que venía de Francia; construían edificaciones pequeñas simulando una casa de una bruja por ejemplo, o una colmena e iban allí a tomar el té. Esto era una cosa parecida. Así, que además de geología, dimos un repaso a la historia de Madrid.


Y si te interesa cómo contaron los medios de comunicación la noticia, entra en nuestro tablero sobre el Hidrogeodía 2018.

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)

Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

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