Vivir en apriscos en el siglo XXI

ChinchillaDesprendimientoCarretera_2018_04.jpg“Se desconocen las causas del desprendimiento”, dicen algunos de los entrevistados por los medios locales. Carlos Lorenzo, Juan Carlos García López-Davalillo, Mario Hernández, Juan López Viñelles y algunos de sus compañeros del STA (Servicio de Trabajos Aéreos) y del Área de Riesgos del IGME seguramente observan en la distancia las imágenes televisivas. Ésas u otras muchas formarán parte de un incómodo archivo personal, ése que miran con cierta obsesión antes de emitir un informe, como reconoce Juan Carlos o como dice Mario, “aunque pueda sonar fatal, nos pasamos las noches viendo modelos”. Gracias a eso en Alcalá del Júcar, en el segundo de los desprendimientos que se produjo los informes estuvieron listos en apenas tres semanas, según nos cuenta Carlos. Porque de la rapidez con que gestionen la información, depende de seguridad de los habitantes de muchos municipios que viven asumiendo el riesgo geológico como parte de su rutina cotidiana. No los conoce por sus nombres, los habrá visto en muchos telediarios, eso sí, pero su trabajo es el de los profesionales en la sombra que cuidan del bienestar de la ciudadanía desde sus despachos, visualizando los vídeos de las incidencias geológicas y a pie de calle, visitando los lugares donde se producen catástrofes, en algunos casos previsibles. Nos sentamos con ellos para que nos cuenten su día a día.

“Estos son modelos que hicimos del desprendimiento y están marcadas las rocas con alta probabilidad de caer en breve. A partir de estos vídeos se ha mallado todo el escarpe entero, en las zonas que había piedra suelta ya no está. Está todo ya detrás de una malla y algunos bloques ya no están. En el Barrio del Ceñajo esto está así actualmente (nos señala mostrándonos una casa sepultada bajo las rocas que aún no se han retirado por falta de recursos). No te puedes meter, porque ahí hay riesgo de que se pueda volver a caer parte del material. Eso dificulta el trabajo. Después de tener el modelo estuvimos analizando con vídeos y fotos y este mismo informe lo tiene el alcalde”. En este pueblo están curados de espanto y siempre hay quien te dice, ‘¡si en ese aprisco están las cabras de Marcelo! o ‘ya se sabía que eso se va a caer’, como nos explica el dicharachero Carlos delante de la pantalla del ordenador.

Su lucha contra los riesgos geológicos lo es también con la falta de recursos y con el silencio que a veces impera en torno a estas situaciones, aunque como asegura Juan Carlos “la tendencia está cambiando desde el punto de vista social, la gente quiere estar informada”. En realidad, mientras nos habla de las “cicatrices de salida de bloques que ya han caído”, pensamos en las dificultades de trabajar contrarreloj, con la presión de querer dibujar el mejor de los retratos de cada rincón en riesgo para prevenir los desastres. “Antes estabas en la calle, cogías los prismáticos y si tenías acceso subías a pie. Costaba mucho documentarlo todo. Los datos que podías tener eran muy limitados a través de la vista directa del escarpe y fotos siempre con una perspectiva, pegado al escarpe o desde arriba que no ves nada”. Quien habla así es Mario, que sigue “en las observaciones in situ coincidimos siempre, pero cada uno aporta su granito de arena”, dice Mario y Juan Carlos nos detalla una operativa organizada, aunque no protocolizada en la que cuando llegan, cada uno sabe lo que tiene que hacer: “Tenemos muy claras en el equipo las funciones de cada uno: uno, yo, siempre habla con el alcalde y la prensa, Mario está más dedicado al gps, Carlos a los drones, otro analiza determinados aspectos y Juan está de apoyo logístico, en período de adaptación, como en la tuna”, sonríe Juan Carlos, asumiendo su papel de relaciones públicas. “Creemos que de aquí a dos años nos dará mil vueltas, porque él se va a dedicar en exclusiva, tiene un contrato para hacer una tesis doctoral sobre esto. Le estamos enseñando lo poco que hemos aprendido con nuestro rodar y esperamos en el futuro aprender de él”, asegura Carlos generosamente. El buen humor y la sintonía en el equipo son fundamentales, porque en sus salidas al campo nunca saben lo que se pueden encontrar.

“Debes distanciarte, mirar más allá de las casas e ir directamente al escarpe”

MarioEstaciónTotal_Carlos_JuanCar_AlcaláJúcar_2017_10.JPG“Gracias a Dios -afirma Carlos- credibilidad tenemos bastante por ahora, porque no somos una empresa privada con unos intereses concretos. A nosotros nos pides una opinión y nos ceñimos a los datos objetivos”, a lo que Juan Carlos añade “normalmente no tiene ningún problema porque obviamente vamos a dar soluciones. Y el IGME es bien recibido, pero hay trabajos del instituto que sí que son sensibles. Hubo algunos episodios, en los que yo no intervine, que afectaron a cerradas de futuros embalses. Estamos hablando de los años 70, 80, de los últimos embalses que se construyeron. Y eso pasa también con el fracking, porque es un tema tan sensible en determinadas zonas, de manera que cualquier trabajo que se haga exigen una invisibilidad completa, porque hay conflicto social”. Por eso, Juan Carlos asegura que tienen que mantenerse un poco al margen a la situación social que se encuentran, pues “sobre todo se busca solucionar la catástrofe. Una cosa es que sea sensible, pero debes distanciarte, mirar más allá de las casas e ir directamente al escarpe. Porque nosotros no vamos a tomar decisiones que corresponden a los políticos o a los gestores de la comunidad autónoma, nosotros daremos la información necesaria para que las decisiones que ellos tomen sean lo más correctas posibles. Nunca nos echan la culpa, porque yo creo que la gente está concienciada de que el tema de los riesgos en España no está resuelto”. Mario, aunque reconoce que han sabido gestionar hasta ahora bien ese problema añadido, ejerce aquí de analista para acercarnos la otra perspectiva: “Nuestros informes podrían entrar en conflicto con los intereses de la población, porque nuestra percepción, puede ser un poco distinta a la que tiene el interesado, porque de la solución que se tome puede depender su modo de vida. Hablamos de gente que lleva tres cuatro o cinco generaciones de su familia conviviendo con ese riesgo y lo ven de una manera distinta al técnico que llega allí, de fuera y sin ningún prejuicio, y ve cuáles son todos los condicionantes posibles y los posibles desencadenantes para que se produzca una catástrofe”.

DCIM100MEDIADJI_0021.JPGQué hay detrás de un desprendimiento

Pero vayamos a los datos concretos para entender ese desastre anunciado en Alcalá del Júcar, Albacete… “El año pasado -relata Carlos- en las Navidades hubo un desprendimiento bastante grande que se llevó diez casas del barrio del Ceñejo. Tuvimos todos la suerte de que fue el 29 de diciembre, que estaban las casas vacías, pero son casas de recreo de fin de semana donde se suelen celebrar las fiestas. No hubo muertos, pero a raíz de eso nos llamaron para que fuéramos a dar nuestra visión técnica y desde entonces tenemos un contacto constante con la alcaldía y de hecho, tenemos ahora un convenio con ellos. Están ahora a falta de que la administración, la diputación les consiga pagar las subvenciones que han pedido para poder arreglar las cosas y hacer las reparaciones que nosotros hemos indicado. La idea es que hagamos allí un estudio integral de los desprendimientos y mientras eso se lleva a cabo hasta ahora ha habido otros desprendimientos más.  Carlos Lorenzo nos muestra un trabajo de un desprendimiento controlado en la localidad albaceteña, “por la situación en la que está tiene un montón de problemas de estabilidad en los escarpes. Está asentada en una ladera de un meandro del Júcar y son todo calizas y margas que están muy desechas, muy meteorizadas, completamente karstificadas y luego, además, los propios vecinos hacen un montón de cuevas. En ese pueblo hay muchísimos problemas de desprendimientos e históricamente desde que hay registros y periódicos viene habiendo de todo constantemente, muchos con consecuencias mortales. Va a estar cada tres o seis meses saliendo en las noticias, es muy triste, pero es así. Esperemos que salga sin muertos, pero va a estar saliendo”.  Hecha la exposición del qué, ahora queda saber los porqués.

“La posibilidad de tener una red de monitorización que englobe todas las posibilidades reales es casi imposible”

“Dentro de los tipos de movimientos del terreno -comenta didáctico Juan Carlos- están los movimientos asociados a las laderas, que son movimientos con base producida por la gravedad en los que tiene que haber una pendiente y dependiendo del material al que afecte, si el material es rocoso y la pendiente es muy pronunciada se producen lo que llamamos desprendimientos de roca o también de suelo. Luego están los deslizamientos y por último, los flujos”. Ante tanta precisión, casi podemos afirmar que la prensa no distingue unos de otros. “Estás en lo correcto -nos confirma-, y es importante, porque cada uno tiene un peligro diferente. Los desprendimientos suelen ser rápidos y los deslizamientos más lentos. ¿Eso qué supone? Que la predicción de un desprendimiento es muchísimo más difícil que la de un deslizamiento. Cuando hay constancia de áreas muy susceptibles que puedan afectar a poblaciones puede haber lugares que estén monitorizados, es decir, se instalan fisurómetros, aparatos que miden las aperturas de grietas que puedan afectar a determinadas partes del escarpe y se pueden dejar midiendo, conectadas a red GSM de teléfonos y tomar medidas en tiempo real mediante sistemas de alerta temprana”, aunque como matiza Carlos Lorenzo “la posibilidad de tener una red de monitorización que englobe todas las posibilidades reales es casi imposible”.  Entre los factores que concurren en estas catástrofes geológicas están las lluvias, otros térmicos o la propia alteración y debilidad de la roca por el paso del tiempo, “pero sí que es verdad que ahora después de episodios en los que hay muchas lluvias continuadas suele haber más movimiento”, augura Juan Carlos.

¿Qué pueden aportar los técnicos del IGME?
Su presencia es a petición de los afectados, que requieren la asesoría del IGME. “A veces hay municipios que en toda su historia tienen muchos movimientos de terreno y llega un momento en el que hay un alcalde o una población sensibilizados y de repente se le abren los ojos y dice ‘esto hay que solucionarlo’. No ha ocurrido ningún evento catastrófico en ese momento, pero quieren la asesoría del Instituto para evitarlo”, comenta Juan Carlos. Y también asisten en ayuda de municipios pequeños que no tienen a quién acudir. “Normalmente nos suelen avisar, pero depende. Quien está un poco puesto en el tema cuando les pasa algo que tiene que ver con geología recurren a nosotros que mandamos gente del Área de Riesgos a revisarlo y al grupo de Servicios de Trabajos Aéreos (STA)”, dice Carlos. El tiempo es esencial… “sí, sobre todo, porque si retiran los escombros producidos por el desprendimiento, nosotros perdemos parte de la información que queremos recabar, temas de alcance, dimensión del desprendimiento, en cuanto a volumen de rocas caídas que luego valoramos a partir de los modelos”, explica Juan Carlos. Desde que se produce el evento, llegarán a la zona cero en uno o dos días, por las necesidades logísticas y las 20 personas para toda España con las que cuentan.

Empieza entonces el trabajo de recopilación de datos. Frente a lo que se pueda pensar “una información muy valiosa siempre son las entrevistas a los pobladores a los habitantes”, nos confiesa Juan Carlos mientras nos habla de su primera toma de contacto con los habitantes  Alcalá de Júcar, un pueblo en el que no había estado nunca. “Los vecinos son los que tienen contacto directo con su paisaje y su territorio y son los conocedores de los eventos, aunque sean imprecisos”. Se refiere a las conversaciones de acera del crujido de la montaña o “la cultura popular de la gente que vive allí; el mi abuelo me contó que se cayó aquí”, apostilla Carlos. “Ese tipo de cosas -matiza Juan Carlos- también nos da información, luego hay que validarla, pero es información muy valiosa”. Porque hasta el refranero puede servirles de ayuda como nos cuenta Mario: “Allí hay un dicho en Alcalá de Júcar que es muy ‘gracioso’ que dice que en el pueblo se tiene la muerte del huevo o escachafado o pasado por agua, debido al riesgo que tienen tanto de desprendimientos como de inundaciones. Luego hay que saber discriminar y extractar qué parte de esa información te crees”.

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En la imagen, Carlos Lorenzo, Mario Hernández, Roberto Sarro y Juan Carlos García-Davalillo

Los drones, sus ojos en los escarpes

Hablábamos antes de conseguir un buen retrato de zonas mayoritariamente inaccesibles, de una operativa trabajosa y rudimentaria de campo y de las muchas horas que los técnicos dedicaban a la inspección de sitio, de la toma de medidas, de volúmenes para analizar las causas y comprender los procesos mecánicos de la roca. ¿Recuerdan que les habíamos detallado el significado de las siglas STA? Ellos sí, porque la incorporación de los drones a sus vidas ha transformado su trabajo. “Es una herramienta valiosísima para la observación de los movimientos y a partir de ahí emitir los informes. Es que lo vas a ver, en cuanto nos pongamos a jugar con el ordenador lo vas a ver”, cuenta Carlos casi como los niños chicos hablan de los regalos de los Reyes Magos. Aunque en este caso, podría decirse que se trataría de un regalo envenenado, porque tuvieron que formarse como pilotos para utilizarlos y luego, aprender toda una serie de herramientas nuevas, sustituyendo hábitos como el llevar consigo la cinta métrica, brújulas o distanciómetros por una nueva metodología mucho más exhaustiva y eficiente. La duda que nos suscita es si la propia actualización ha podido derivar en errores de calibrado, a lo que Carlos nos responde: “Gracias a Dios en todo este proceso estamos viendo que los errores que estamos cometiendo son mínimos. Los márgenes de error en los que normalmente te podías mover que son decimétricos, que no eran errores, sino estimaciones, ahora nosotros estamos trabajando al centímetro. Lo que hemos podido ver en los modelos que estamos haciendo es que con las calibraciones del GPS diferencial estamos teniendo errores de dos o tres centímetros como máximo. Desde luego la resolución no es el problema porque hemos conseguido muy buenos resultados”. No se vayan a creer que los drones resuelven todo, porque la ingente cantidad de información que proporcionan les encadena al duro banco luego durante semanas. “En un día o dos estamos allí para la toma de datos y el análisis, luego ya el procesado de esos datos es lo que se lleva el tiempo. Antes era más tiempo y no se llegaba al cálculo, a esta modelización”, recalca Mario. “Antes había una penosidad mayor, para nosotros fue la noche y el día”, remata Juan Carlos.

“Los movimientos del terreno no están contemplados como riesgo extraordinario dentro de la cobertura del Consorcio de Compensación de Seguros como lo están las inundaciones, los terremotos o que te caiga un meteorito”

Nos explican que el STA va más allá de los riesgos geológicos, pues sus aplicaciones “implican meterse en suelos con gases, utilizar cámaras térmicas, usar sensores espectrales que haciendo mezcla de bandas nos digan si la vegetación de un lugar está más frondosa o está enferma. Los drones nos facilitan los modelos de riesgo”, en opinión de Carlos. “Lo que está claro es que necesitábamos una herramienta que nos diera rápidamente imágenes y vídeos de zonas inaccesibles y la posibilidad de generar modelos digitales de superficie rápidamente y de muy alta precisión”, confirma Juan.

Con los datos recabados los técnicos del IGME elaboran un informe en el que proponen posibles resoluciones al problema, pero que “en general pasan por evitar que pueda volver a pasar, soluciones complejas, por cuanto van asociadas a un coste económico importante, que requiere el respaldo de organismos autonómicos o estatales. Si sugerimos, por ejemplo, que se coloque una malla dinámica, un bulonado de doce metros, eso puede costar un millón de euros. El ayuntamiento que no puede acometerlo empieza a intentar gestionarlo a partir de nuestro informe con la diputación. Y mientras, las calles siguen estando llenas de escombros de los desprendimientos de 2016”, expone Carlos Lorenzo. Por eso, una vez constatado el desastre su posición consiste en observar con cuánto retardo llegan las subvenciones. “No hay nada parecido a una bolsa de emergencia y muchos ni siquiera saben que están en riesgo. Hay además un problema asociado con respecto a los movimientos del terreno y es que no está contemplado como tal como riesgo extraordinario dentro de la cobertura del Consorcio de Compensación de Seguros como lo están las inundaciones, los terremotos o que te caiga un meteorito. Sólo en caso de que se pueda asociar alguno de estos eventos el Consorcio lo cubriría, por otro lado, tampoco hay directivas de protección civil”, se lamenta Juan Carlos.

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Para cuándo los mapas de riesgo

Su papel de convidados de piedra, nunca mejor dicho, termina siendo el de notarios de observaciones que muchas veces el paso del tiempo desafortunadamente terminan por corroborar. “En el informe –señala Juan Carlos- y personalmente al alcalde especificamos las zonas más susceptibles dentro del pueblo en las que podrían ocurrir desprendimientos. Eso fue en enero de 2017; en octubre se produjo un desprendimiento que cayó sobre una casa en una de las zonas que nosotros le habíamos dicho y la tercera ocurrió en febrero de 2018”. Tres zonas marcadas como futuras citas con la catástrofe, tres llamémosle desafortunados aciertos que, sin embargo, no han podido evitarse, a pesar de que el alcalde ha tomado cartas en el asunto. Ahí nos topamos con la más reciente Ley del Suelo que establece la obligatoriedad de adjuntar mapas de riesgo a cualquier Plan de Ordenación Territorial y que, de momento no se ha traducido en una mayor disponibilidad mapas como nos confirma Juan Carlos. “No hay demasiados mapas de riesgo ‘oficiales’ en movimientos del terreno, salvo en Cataluña. Los únicos oficiales son los de inundaciones y gracias a la transposición de la directiva de la Comunidad Europea. Hemos hecho mapas de riesgo a petición de comunidades autónomas; por ejemplo, en Murcia está toda la Comunidad Autónoma y ahí ha participado el IGME. Se hicieron mapas de riesgo de algunas poblaciones en los años 80. Ahí hay cartografías realizadas, pero ningunas son oficiales, aunque han sido elaboradas por un organismo oficial”. A eso hay que añadirle el hecho de que los mapas de riesgo que contempla la nueva legislación no son todo lo precisos que los técnicos del IGME recomendarían, lo que les obligará a suplir con su servicio de asesoramiento esas carencias, informando de si “bajo nuestro criterio de si se han utilizado metodologías correctas y el resultado del mapa es suficiente”, apunta Juan Carlos.

Países como Suiza, Francia o Italia nos llevan la delantera en estos trabajos, seguramente por las condiciones del propio relieve, ¿o quizá por desastres como el de L’Aquila? “No, ya venía de antes”, nos corrigen. “En movimientos del terreno Italia tiene la base de datos más completa de toda Europa. Invirtieron mucho dinero e implicaron a todos los organismos y universidades del país que trabajan en ese campo”, expone Juan Carlos.  Porque no siempre se va a remolque de las desgracias para tomar decisiones: “Suele pasar siempre, pero en Italia siempre ha habido una sensibilidad mucho mayor. Es un país que hay muchísimos más riesgos que aquí e incluso hay más geólogos que en España y muchas escuelas de Geología”, dice .

 

¿Son evitables los eventos geológicos?

Entonces qué porcentaje de catástrofes se podrían prevenir. Ante la cuestión, Carlos, con su sorna habitual nos responde: “¿Con mucho, mucho dinero, con 100000 geólogos, sin límites de recursos ni de técnicos?”, por lo que hay que repreguntar si la geología es más predecible de lo que la gente de a pie pensamos “¿en tiempos geológicos o en tiempo humano? En tiempo geológico seguramente casi todo es predecible, pero en tiempo humano nosotros somos un segundo. Lo que sí te puedo decir es que nosotros dijimos ‘esto se va a caer y hay que sanearlo’. Pero fuimos a tirarlo y no caía. Y fuimos tres días a tirarlo, porque no caía y nuestra predicción es que iba a caer. Digamos que es una ciencia pero no es exacta, sino una ciencia de inferencias, de modo que si tú tienes muchas señales, puedes decir aquí hay mucha más probabilidad, pero no podemos decir en ningún momento de manera categórica cuándo sucederá”.

Al final, probablemente se puedan sentir un poco como la Casandra griega anunciando la toma de Troya por los aqueos frente a poblaciones que integran el peligro en su vida diaria. Miradores, ciudadelas, apriscos, hacen de ciertos enclaves su mayor atractivo, pero a la vez los convierten en espacios expuestos. “Este pueblo vive gracias al riesgo”, subraya Juan Carlos, idea que Mario completa diciendo: “las mismas circunstancias, la pendiente, la situación, el clima que hacen un entorno precioso lo hacen peligroso. Por eso la gente la percepción que tiene gente del riesgo es totalmente distinta a la nuestra. Nosotros vemos piedras cayendo y ellos ven un entorno maravilloso en el que se puede vivir del turismo. Tanto es así que cuando hicimos el trabajo del saneo del bloque grande, el que ha generado el video, no había nadie, estaban dos personas de protección civil viéndolo, cortando los caminos. Lo tienen tan asumido y tan interiorizado que les da igual, lo ven como una cosa más común y asumen vivir debajo de las piedras”. “Eso ocurre en mi pueblo –dice Carlos bromeando- y está allí todo el mundo con el bocata”. Así que, lo único que puede intentarse es minimizar el riesgo hasta hacerlo asumible, si eso es posible. “Nosotros –dice Juan Carlos- como geólogos no podemos llegar a responderte esa pregunta, podemos decir que el proceso natural del desmantelamiento de esos escarpes continúa y que la población está en riesgo. Luego está el trabajo de los ingenieros y a los que les decimos cuánto aguanta esa roca, si hay fracturas o no, el tamaño de bloque que puede desprenderse… y ellos en función de los datos diseñan las obras, pero son ellos los que en el último momento te dirán, ‘con nuestras obras se ha reducido el riesgo, de tal manera que es compatible con el uso’”.

Por quitarle hierro al asunto Juan Carlos tercia diciendo, “Todos queremos un chalet con vistas al mar, pero normalmente estás en un acantilado”. La conclusión es que en pleno siglo XXI seguimos viviendo con mentalidad medieval en fortalezas y apriscos. “Ahí está, la que antes era un entorno seguro, segurísimo, puede que ahora no sea tan seguro o lo hemos hecho inseguro, porque nos estamos metiendo en zonas peligrosas. El 80% del espacio físico para hacerte una casa se lo ganas al escarpe, horadando cuevas; si hacia delante no puedes prorrogar tu espacio físico, ¿cómo lo consiguen?, penetrando en el macizo. Y ese macizo no se ha caído en 700 años, pero llegaremos un día en el que el límite lo traspasemos y se caiga. Hay muchos factores aparte del mecánico o geológico que intervienen. Lo mismo que a la hora de las soluciones no es sólo geológica, sino ingenieril y de la ordenación de ese territorio”, remata Mario.


Y si te interesa cómo contaron los medios de comunicación la noticia, entra en nuestro tablero Un trabajo de drones y hombres.

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)

Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

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