“Estar en el barco es estar en casa”

Maria_Druet_IGME RED

“Nunca había bajado tan al sur “, confiesa María Druet, con doce campañas a sus espaldas en el Hespérides, hasta un total de dieciocho si sumamos las que ha vivido en otros barcos. Eso hace que María normalice en parte un paisaje excepcional para los que ni imaginamos cómo es de dura la experiencia en la Antártida: “Ves ballenas a lo lejos, e icebergs, pero al final estar en el barco en el que he navegado tanto es casi como estar en casa, en el laboratorio, con tu calefacción”.

Para ella la novedad de esta expedición ha sido la de acercarse a las islas a dar apoyo logístico: “Hasta ahora no había tocado tierra y esta vez bajamos una hora a la isla de Livingston”. Una bajada que no siempre es posible por las inclemencias del tiempo, pero que esta vez ha permitido desarrollar con normalidad las labores logísticas de la expedición. Estas obligaciones logísticas del barco también propician encuentros como el que le ha regalado este viaje, donde se ha encontrado a otro compañero de promoción con quien apenas ha coincidido desde la carrera y al que ha vuelto a ver en un lugar tan inusual como el Paso de Drake, para transportarle hasta la península Bayers. Para nuestra compañera del IGME el Paso de Drake no ha sido tan temible como quizá esperaba: “depende de la meteorología y nosotros estamos teniendo mucha suerte. En Galicia hemos tenido muchas veces peor mar que la que hemos encontrado aquí, aunque el día anterior a salir de Ushuaia hubo olas de 10 metros. Por eso procuran elegir una ventana de tiempo en que sea menos dura la travesía, pero en este caso no hubo que cambiar los planes”.

“En Galicia hemos tenido muchas veces peor mar que la que hemos encontrado aquí”

Esta vez ha tenido suerte y el no tener un turno de guardia asignado le ha facilitado tener un horario más “normal” que el de su compañera de camarote Carmen, que está de cuatro a ocho de la tarde y de cuatro a ocho de la mañana. Por lo demás, María afronta la jornada con la disposición de quien sabe que en un barco científico todos los brazos son pocos: “No estoy asignada a un puesto de guardia, pero al final te impones un horario de trabajo, porque entre otras cosas tienes que dormir con algo de luz natural en el exterior, ya que hay oscuridad sólo entre las 11 de la noche y las 3:30 de la madrugada, aproximadamente. Tengo experiencia en la adquisición con casi todos los equipos que llevamos funcionando, así que me ocupo de dar apoyo donde hace falta, en la planificación de líneas…”. Porque, aunque los objetivos, según nos cuenta, están planificados desde del comienzo de la campaña, en ocasiones las líneas se adaptan a la meteorología, priorizando unas direcciones de navegación u otras según haya temporal o no, para que el buque trabaje en condiciones óptimas, evitando así ir atravesados a la mar. A pesar de lo dicho, Druet trabaja más de cerca con el equipo de campos potenciales, donde los datos se adquieren y procesan prácticamente en tiempo real. “Hay mucho debate -nos dice-. La ciencia avanza a base de opinar sobre los resultados que se van obteniendo, y es muy enriquecedor y muy bonito aprender de diferentes disciplinas, ver cómo unos le enseñan sus resultados al de al lado y viceversa. Somos un grupo de investigación cohesionado”. Y eso pese a que conviven casi de continuo: “en el laboratorio, en el tiempo de descanso, menos cuando estamos viendo una película, seguimos comentando cualquier cosa que surge”.

“Druet trabaja más de cerca con el equipo de campos potenciales, donde los datos se adquieren y procesan prácticamente en tiempo real”

María no ha traído cámara réflex, pero no por olvido, sino porque sabe que hay compañeros que “hacen fotos maravillosas”, así que tendrá que conservar nítido para el recuerdo un Océano Antártico que no está ni mucho menos despoblado “y en el que de vez en cuando pasan icebergs con 20 o hasta 40 pingüinos a bordo” que ni se inmutan al ver a esos extraños vecinos embarcados. Imágenes que se quedan para ella, como las del poste en Isla Decepción repleto de la nostalgia que los expedicionarios transforman en mensajes simbólicos para los suyos, colocando letreros que marcan la distancia, por ejemplo, a sus pueblos natales o al cole de los niños. Los suyos, Irene y Noé, que saben que tienen a su madre lejos por un tiempo. Una madre científica-aventurera, como dice su hija, de las que hay pocas, pensamos nosotros.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


Y si te interesa cómo contaron los medios de comunicación la noticia, entra en nuestro tablero sobre Campaña Drake 2018.

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

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