¿Quién cuida de la educación sentimental?

El descuido, el tiempo, el desconocimiento han dejado gran parte de nuestro patrimonio en piedra natural a merced de la erosión, haciendo que la ciudadanía pierda parte de su legado sentimental, esa educación de nuestra vida que los territorios en piedra dibujan para cada uno de nosotros. Es el caso de los monolitos alegóricos a la Fundación de La Carolina y las nuevas poblaciones, y en honor a su fundador Carlos III, que el investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Enrique Álvarez Areces está estudiando para el proyecto “Convenio Junta de Andalucía (2018-2022). Primer Inventario Andaluz de Canteras Históricas”, cuyo objetivo principal es la localización de los espacios de cantera asociados al patrimonio arquitectónico, para asi tener localizado el recurso en futuras intervenciones. Si buscas en la Wikipedia, tan sólo aparece una mención a estos elementos arquitectónicos que, sin embargo, forman parte de la fisonomía del paisaje de la localidad jienense y con él de la educación emocional de sus paseantes, locales y foráneos. Para los que no tenemos su imagen nítida Álvarez Areces nos da una sucinta descripción: “Los monolitos construidos en piedra de asperón son areniscas miocenas del entorno de la localidad y contienen dos escenas talladas en piedra, que por su minuciosidad y curiosidad merecen un análisis, siendo una valiosa y curiosa instantánea de los trabajos en las colonias, la repartición de las suertes (tierras) y las labores de los colonos”.

Buscando el origen de la piedra

Tras las pesquisas de Enrique Álvarez Areces, su conclusión como especialista es que “las dos principales áreas extractivas están situadas a al Sur de la localidad de La Carolina, en un radio de 2 km y al Sureste de la localidad de Navas de Tolosa, a una distancia de 4 km de La Carolina. En ambas se explotan la denominada localmente como “piedra de asperón”, se trata de unas areniscas calcáreas del Mioceno superior (Tortoniense Superior-Andaluciense) que son las litologías empleadas en la construcción de los monolitos pétreos. Los espacios de canteras se caracterizan por presentar en el primer caso, en el área al Sur de La Carolina, pequeñas áreas extractivas en las que se identifican improntas históricas de extracción del material, y en el caso del área próxima al Sureste de Navas de Tolosa, se identifican varios frentes con un máximo de 3 m de altura, en los que se explotan bancos de carácter métrico, homogéneos y compactos”.

Estos materiales en el entorno de La Carolina serían, en opinión del investigador del IGME, los que habrían posibilitado la construcción de los monolitos conmemorativos. “En el caso del soporte pétreo para el tallado de las representaciones sobre la ‘organización y los trabajos en las nuevas poblaciones’ se recoge en las declaraciones del proceso de la Inquisición contra Pablo de Olavide, el testimonio de que las placas se encargan a Jaén, a algún taller, escultor/cantero, o artista de allí, no citándose a quién en concreto. Por ello cabe pensar que el material pétreo-soporte se corresponderá con materiales seleccionados ex profeso para la realización de estas labores”.

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La historia detrás de la historia en piedra

Pero como siempre, el cronista local, Pedro Ramos Miguel, director del Museo de La Carolina, Jaén, nos aporta una visión más completa de la importancia de este monumento a modo casi de tuits:

  • En junio-julio de ese 1768 se da por terminada la población de la Peñuela. Si hacemos caso al documento de 1769, que con la visita de Pérez Valiente, testimonia la construcción y ubicación de estas columnas de piedra, es el Subdelegado Miguel Gijón quién las manda construir, en 1768.
  • En ese documento de 1769, se dice que cuando Olavide regresa a la Peñuela en septiembre de 1768, se las encuentra construidas y ordena que se sustituya su imagen, por una nueva de la Inmaculada Concepción, y se cubran con yeso las inscripciones. Es de suponer por tanto que Olavide no ordenó ni el bajorrelieve de su imagen, ni los textos, por lo que confirma la idea de que es Miguel de Gijón quién la manda hacer. Si esto es así, teniendo en cuenta que Olavide está en La Peñuela hasta las primeras semanas de Junio de 1768, trasladándose luego a Sevilla, donde permanece hasta finales de octubre, en que regresa a Sierra Morena, las torrecitas debieron realizarse en el verano de aquel año 1768. Lo que no nos cuadra es que en documento de 1769 se diga que Olavide se las encuentra hechas en septiembre, si no llega a la capital de las colonias hasta finales de octubre [estas fechas de estancia de Olavide las hemos calculado a partir de la remisión de sus documentos].

“Originariamente ubicados en la entrada Sur a la Peñuela. Al final del eje de la ciudad, cerrando la plaza de los Mesones (hoy del Ayuntamiento), que estaba cercada por una grada de piedra con adornos de pequeñas pilastras. En el año 1880 se trasladan a su ubicación actual, al principio del Paseo Molino de Viento”

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  • En 1880 el Ayuntamiento de La Carolina aprueba en Sesión de 6 de enero, tal como figura en las Actas Municipales, (Archivo Municipal de La Carolina, 1.3.7 – Libro 32), la adjudicación de la subasta y remate del traslado de las columnas de piedra al principio de la calle de Riego, junto a la fuente, esto es en su ubicación actual en el principio del Paseo del Molino de Viento.
  • La decisión de su traslado viene del año 1879, a partir del 19 de agosto, cuando en la sesión de este día, se proyecta la remodelación de la plaza pública (actual Plaza del Ayuntamiento), para instalar una fuente monumental en el centro de la misma, ajardinar el espacio, derribar las casas que están aisladas, trasladar las columnas de piedra, y desviar la carretera general.

“Se erigen para conmemorar la fundación de La Carolina y las Nuevas Poblaciones, y en honor a su fundador (y benefactor) Carlos III”

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Transformaciones sufridas desde su construcción:

Por lo que respecta a su pervivencia, los monolitos han sido sometidos a diversas modificaciones que nos detalla Pedro Ramos Miguel, director del Museo de La Carolina, Jaén:

  • Como hemos visto, recién construidas, Olavide, en el mismo año 1768, ordena se retire la placa con su imagen, inserta en la de la izquierda (conforme se salía de la plaza y se abría el paso al Camino Real), por una imagen de la patrona Inmaculada Concepción. Así mismo Olavide ordena tapar y cubrir las inscripciones, según dicho documento de 1769, por no parecerle apropiado ensalzar las colonias antes de ver si prosperan como tales.
  • Cuando llega Pérez Valiente en abril de 1769, (24 abril a 24 agosto 1769) como Visitador comisionado por el Consejo de Castilla, para informar sobre el estado del proyecto, puesto al frente de su dirección temporalmente, ordena que se retire la imagen de la Inmaculada, por parecerle indecoroso que esté en la plaza pública, y que se coloque en la fachada de la Iglesia Parroquial (donde hoy en día está). En su lugar decide ubicar la imagen del Príncipe Heredero (el futuro Carlos IV). El documento está fechado en 22 de junio de ese año, y en él se relata todo esto que contamos, y además se citan las inscripciones que tenían cada monolito, lo que hace que nos preguntemos: ¿es que no llegaron a taparse como ordenó Olavide en 1768?, o ¿es que de alguna manera, por testimonios, u otras formas, recuperan lo que en ellas se ponía?. Lo más lógico a pensar es que figuraban a la vista en los monolitos.
  • En un escrito de Olavide de 22 de noviembre de 1770, por el que comunica a Múzquiz el cambio de nombre de La Peñuela por el de La Carolina, el propio Olavide afirma que hay en esta capital de poblaciones : “En medio del lugar hay una espaciosa plaza de piedra labrada toda en simetría y hermoseada con asientos y adornos de las misma piedra. A su entrada se levantan dos hermosas columnas. En la una está grabada la imagen de S. M. y en la otra la del Príncipe nuestro señor. Y bajo de una y otra hay un espacio, dispuestos ambos para grabar en cada uno su inscripción. Yo había pensado poner en ellos las que verá V. I. en el adjunto pliego. Pero no me he determinado a hacerlo sin tener antes el permiso de su S. M..” . Efectivamente Olavide propone unas inscripciones, de las que más adelante hablaremos en su apartado, pero lo que nos llama la atención es la referencia al espacio para grabar las inscripciones, lo que nos induce a pensar, que o bien se tapó tal como él quería, bien antes o bien después de la visita de Pérez Valiente, o que estaban, pero Olavide, tenía pensado sustituirlas por otras con la aprobación del propio monarca. Sea como fuere, ni unas ni otras nos han llegado hasta nuestros días, y según parece, la falta de inscripciones se remonta a muchos años, sin poderse precisar cuándo se quitan.
  • Por último añadir en este apartado de transformaciones que sufren las columnas, que al parecer en el segundo período constitucional del trienio liberal1820-1823, se colocaron en los monolitos una placa alusiva y conmemorativa de la Constitución. Al menos en dos ocasiones documentadas (22 enero 1821 y 16 de mayo 1822), estas placas son el blanco de las protestas de los colonos por la supresión del Fuero en este período constitucional, siendo embadurnadas y estropeadas. Hasta el momento no hay más datos sobre estas placas, no sabemos si se colocaron en lugar de las inscripciones o en otra parte de las columnas. No han llegado hasta nosotros.

Y también se les han realizado varias restauraciones:

“Una curiosidad más en torno a estas torrecitas: Si hasta el 1770, en concreto el 22 de noviembre, en que Olavide comunica el cambio del nombre por el de La Carolina, ¿cómo es que ya en las tempranas fechas de 1768, se dejaron las inscripciones en la piedra con este nombre de La Carolina, o la Real Carolina, como así figura en ellas, si aún no había sido nombrada oficialmente así, ni se contaba con el consentimiento de ninguna autoridad? Tampoco tengo respuesta, pero parece ser que antes de hacerse oficial, ya se utilizó en alguna ocasión este nombre de La Carolina, pero no es razón para ya dejarlo escrito en piedra antes de ser oficial”, explica el director del Museo de La Carolina .

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Cómo son y qué representan

En cuanto a la propia descripción de los dos monolitos se trata de “una torrecita de sillares de piedra (asperón) areniscas miocenas del entorno de la localidad de La Carolina, que consta de basa cuadrada; cuerpo central “estilizado” que presenta una sola cara labrada para alojamiento de los bajorrelieves; una cornisa de moldura sencilla; y la cubierta con un remate en pilastra adornada. En cada una, la cara labrada que muestra los relieves, está dividida en un espacio rectangular enmarcado por un bajorrelieve cilíndrico interrumpido por remates de rosetón a modo de capiteles o nudos. El interior de este espacio enmarcado se divide en tres paneles; en los superiores se representan las efigies de los personajes (el Rey Carlos III, y el Príncipe Carlos), en los centrales, escenas alusivas a los trabajos y vida en la fundación de las colonias, y los inferiores, estaban destinados a contener las inscripciones, que no nos han llegado y hoy están vacíos”.

Aunque los relieves son una muestra de cómo se hacía story-telling hace siglos, cómo se contaba en piedra la historia para que la ciudadanía la hiciera suya, “por su curiosidad y minuciosidad en el tallado en piedra, nos detendremos en las dos escenas alusivas a los trabajos y vida en la fundación de las colonias. Una verdadera y curiosa instantánea de aquella apasionante época”. La escena alusiva a los duros trabajos de descuaje y desmonte, a la delimitación de las suertes, y a la construcción de las viviendas por ejemplo podría contarse como sigue:

  1. En la parte superior se representan los montes de Sierra Morena.
  2. En el centro una línea de suertes totalmente recta que atraviesa la escena, trazada para delimitar las suertes y servir de caminos de comunicación. El contraste de la rectitud, en esa posición central, alude al trazado racional que se impone en todo el planeamiento de las colonias.
  3. Se ve una casa de colono en construcción, a falta de la cubierta del tejado, en una zona cubierta de árboles y monte.
  4. En esta suerte, la casa de colono ya cuenta con cubierta y está terminada lo que le permite desarrollar las tareas de desbroce y trabajo de la tierra. La suerte está más despejada de árboles y monte.
  5. Se representa al colono cortando árboles con un hacha en el límite del bosque, una vez ya terminada su vivienda.

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Por lo que respecta a la escena alusiva a los trabajos y vida en la fundación de colonias si hubiera que describírsela a un discapacitado visual la secuencia sería tal que así:

  1. En la parte superior se pueden ver los montes de Sierra Morena.
  2. El trazado de la línea de suertes que cruza toda la escena en línea recta.
  3. En la parte izquierda, vemos como una conducción de agua que proviene de la Sierra, alimenta un pilar de agua.
  4. En la parte derecha, a media altura, se ve una figura de un ciervo, y un colono al acecho cazando tras un árbol.
  5. En la parte baja, a ambos lados de la línea de suertes, se ven construidos sendos pozos, con su brocal de obra, y su torno para sacar el agua con la cuerda y el cubo. En el caso 5. el pozo está mecanizado, mientas que el 6. es un pozo menos evolucionado. A ellos acuden principalmente las mujeres colonas, a recoger agua para sus casas en cántaros.
  6. En este caso se ve cómo también conducen al ganado a beber en los abrevaderos y pilones que se construyen junto a los pozos

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Instantáneas del momento esculpidas con la misma destreza con que otros momentos históricos se bordaron en tapices, pero que pernoctan al raso. Y estando así, a la mano del viandante quedan a merced de quienes en lugar de honrar la historia de los suyos la afrentan “adornando” los monolitos con graffittis de difícil limpieza o incluso de la exposición a la lluvia y a la dura luz del Sur que van mermando su testimonio en cuarzo.

 


Para los que quieran asomarse a este rincón de Jaén les dejamos este vídeo de Canal Sur , algunos enlaces sobre La Carolina y sobre el pensamiento ilustrado en esta localidad andaluza

y un viaje a una Andalucía insólita en “El corazón manda


Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Área de Relaciones Externas y Comunicación
Instituto Geológico y Minero de España

 

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