Vulcanismo, deslizamientos y tsunamis: uniendo las piezas del rompecabezas

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Ricardo León posando ante el geoide de Potsdam. Universidad de Potsdam, Alemania

¿Puede la actividad volcánica submarina provocar tsunamis en superficie?

  • ¿Crees que debo hacerlo?
  • Sí, siempre es mejor contarlo a que lo cuente otro.

En esos términos más o menos se desarrolló la conversación por la que Ricardo León salió esa mañana de la oficina para volver distinto. A su regreso, la experiencia de una entrevista radiofónica para hablar de ese cóctel imposible habría pasado por él y ya nunca sería el mismo. Imposible, porque Ricardo ha interconectado campos habitualmente estancos, el vulcanismo, los deslizamientos y los tsunamis, al darse cuenta de que a ese mapeado intensivo en el que llevaba trabajando cuatro años le faltaba algo y ese algo era el impacto, eso que ahora llaman relato. Un trío funesto por lo devastador de sus efectos sobre la población humana, pero también porque abarca tres disciplinas científicas muy diferentes y muy complicadas de controlar por una única persona. “Quien sabe de geoquímica y vulcanismo, posiblemente no controle de geotecnia de deslizamientos, o de caracterización sedimentológica y modelización de tsunamis … y controlar todo esto está en manos de muy pocos y por supuesto no en mi lado”, asegura el científico.

Pero rebobinemos… Las rutinas son para acabar con ellas. La de Ricardo León pasa por venir en bici sorteando el complicado tráfico de Madrid, aparcarla dentro del edificio noble que es la sede del Instituto Geológico y Minero de España y encerrarse en su despacho a investigar los colapsos de flanco. Hasta ahí todo genial, todo dentro del espacio de confort de un científico acostumbrado a presentar sus publicaciones, lo que en argot llaman papers, a la comunidad internacional sin mayor problema. Lo malo es cuando este Ricardo León al que si pasaran por el IGME reconocerían por la bici -no, porque hay varios investigadores que la usan como medio de transporte-, o por su acento madrileñísimo, su rapado al tres y su aspecto de regresar de un concierto al que quizá haya ido -porque ahí donde lo ven todo trajeado de congresos, Ricardo también toca el bajo en un grupo de jazz-. Lo malo, decíamos, es cuando nuestro compañero Ricardo se enfrenta a la prueba de fuego de contar algo tan complicado como las conclusiones de su última investigación en pocas palabras, sin alarmar a nadie y con el inconveniente de acudir a un directo de radio que siempre impone. Pero tengamos confianza, que a moverse en escena también se aprende.

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A bordo del BIO Hespérides durante la campaña SCAN 2013

Así que, después de un último intento de “zafarse” mentalmente de la entrevista  tenemos a Ricardo saliendo a deshora de su trabajo, tomando la bici antes de lo previsto para dirigirse a la emisora donde lo entrevistarán para explicar que “una cosa son los tsunamis y otra los colapsos de flanco. Mi trabajo -cuenta a los periodistas- se basa en el estudio de procesos geológicos activos en el fondo del mar como los que generan volcanes de fango, colapsos, depresiones (pockmarks en el argot científico) o como en el caso que nos ocupa hoy, gigantescos deslizamientos de sedimentos y rocas. Los deslizamientos de islas volcánicas oceánicas, también conocidos como colapsos de flanco, son los procesos geológicos de transporte en masa más importantes del planeta. Para que os hagáis una idea de lo que se mueve en estos procesos de deslizamiento, en el último datado en las Islas Canarias, el de El Golfo en la Isla de El Hierro hace 20.000-80.000 años, desapareció el 40% de la superficie emergida“. Y lo cuenta bien, a pesar de la aprensión inicial que plantea la explicación sirviéndose de las metáforas que les gustan a los periodistas “el volumen de sedimentos movilizado es tremendo, alrededor de los 200-300 km3. En Hawai hay una estimación de unos 5.000 km3, ¡que es una barbaridad!, como cinco millones de campos de fútbol”. Eso después de comentar a micro cerrado que la unidad de medida como estadio de fútbol para él, es el Wanda Metropolitano (1 estadio = 1 millón de m3), como buen hincha del Atleti. Si aun así no hemos bosquejado el perfil del investigador, vaya a la entrevista para ponerle voz.

Una vez cogida la confianza que la mención a su equipo le confiere, Ricardo se crece ya más cómodo hablando de las “avalanchas marinas y el trabajo que hemos publicado con el IEO, Instituto Español de Oceanografía, que junto al Instituto Hidrográfico de la Marina, son dos referencias para él esenciales. “Sin un equipo y sin su confianza es imposible sacar un trabajo como éste –y detalla para hacerlo más gráfico-: Diez campañas oceanográficas en tres años, más de medio millón de kilómetros cuadrados levantados batimétricamente, y cientos de líneas sísmicas. Sólo la cartografía de los deslizamientos me ha llevado dos años y el publicarlo otros dos. La cartografía se hizo para fundamentar la extensión de las 200 millas en Canarias. Otra cosa ha sido hacer ciencia con ello. Un mapa nuevo o una ingente cantidad de datos nuevos no es ‘ciencia’ para publicar en una revista de gran impacto”. Lo que sí supone un cambio de paradigma es que su publicación establece un nuevo escenario para el transporte en masa desde las Islas Canarias a las llanuras abisales y corrobora la relación entre estos grandes deslizamientos y las fases de actividad volcánica”. Entonces, haciendo gala del divulgador que creía haber desterrado de sí tras una mala experiencia pasada, Ricardo le menciona al entrevistador, el caso de Indonesia ofreciéndole la “percha” de la actualidad que tan útil les resulta a los periodistas para dimensionar la noticia, si bien aclarando a sus interlocutores que, “las Islas Canarias es un caso diferente al del cinturón de Fuego Pacífico…, y que el riesgo de maremoto no es especialmente destacado en nuestras islas”.

Ricardo
Buceando en medio de una pradera de posidonia en el Cabo de Gata

La prueba de su soltura vuelve a demostrarse a medida que avanza la entrevista al reconocer sin titubeos lo que ningún científico se atreve a reconocer habitualmente: “yo no soy experto en tsunamis, aunque algo sí en procesos activos en el fondo del mar. Hasta ahora la actividad volcánica no se incluía en los riesgos para la generación de maremotos. Es un tema en el que trabaja el Departamento de Riesgos y en el que colaboro como asesor”. Ricardo nos indica que “en el protocolo sólo se contempla como fenómeno susceptible de generar tsunamis el terremoto, pero hay otros procesos también tsunamigénicos como los deslizamientos submarinos o la actividad volcánica con los subsecuentes colapsos de flancos, eso sí, muchísimo menos frecuentes. Por eso hay que evaluar si los sistemas de alarma están preparados, trabajar en ello y ver la posible magnitud y periodo de recurrencia de estos procesos”, dice un investigador que según comenta trabaja entre los 1.000 y los 5.000 metros de profundidad… desde el despacho.

“Trabajo a miles de metros de profundidad desde el despacho”

Un momento, ¿ha dicho desde el despacho? Sí, porque ése es el trabajo silencioso, el que no llega al público normalmente y que luego necesita cotejarse a través de la minuciosa y paciente investigación que se realiza en las campañas oceanográficas. Por poner cifras a la literatura, el científico del IGME en 2011 nos asegura “me pasé más de cien días en el barco”.

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¿Canarias se hunde?

Todo para llegar hasta aquí, a establecer por primera vez el inicio del desmantelamiento gravitacional de la Provincia Volcánica de Canarias por su vertiente oeste hace aproximadamente 13.5 millones de años (Mioceno medio-superior) hasta nuestros días. El trabajo revela un enorme sistema de flujo de sedimentos deslizados (depósitos de transporte en masa, en inglés mass transport deposits; MTDs) procedentes de la provincia volcánica de Canarias de 850 km de ancho y 750 km de largo, uno de los mayores del planeta.

Ante la pregunta de cómo se calcula la edad o la frecuencia de estos procesos, el investigador responde que “de muchas formas, pero normalmente por los depósitos que generan”, por ejemplo, en depósitos recientes se suelen utilizar “los foraminíferos” – pequeños organismos marinos-, “y calculando la edad de los que están por encima y debajo de ese depósito se obtiene un máximo y un mínimo de edad. De esta forma se calcula un rango de edades en el que ocurrió el proceso geológico que originó ese sedimento. La incertidumbre es algo intrínseco en nuestro trabajo. Los sedimentos en las llanuras abisales apuntan a que los colapsos de flanco en las Islas Canarias parecen tener un período de recurrencia entre 120.000-150.000 años”.

La importancia e impacto de esta publicación en la comunidad científica reside en la posibilidad de extrapolar el escenario y modelo sedimentario en otras islas volcánicas oceánicas del planeta. Es la primera vez que se evidencia en el fondo submarino al pie de las islas, esta relación entre la actividad volcánica y los deslizamientos submarinos que ya se había inferido a partir de los sedimentos turbidíticos en la llanura abisal de Madeira.

“Es la primera vez que se evidencia esta relación entre la actividad volcánica y los deslizamientos submarinos en el pie de las islas volcánicas oceánicas” 

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Preparando una inmersión. Al fondo, Race Rock (British Columbia) y su colonia de leones marinos.

Por otro lado, la publicación revela también por primera vez que estos procesos de avalanchas pueden afectar también a montes submarinos de origen volcánico y no sólo a las islas volcánicas. Es el caso de los montes submarinos al suroeste de las islas Canarias y de los MTDs detectados a sus pies, en su gran mayoritaria enterrados y hasta ahora desconocidos. Estos sedimentos apuntarían a que desde el Mioceno medio-superior  (aprox. 13.5 millones de años) al Cuaternario, estos montes submarinos podrían haberse reactivado de forma intermitente de manera volcánica o tectónica frente a lo que se pensaba hasta ahora, es decir, que eran inactivos desde el Cretácico superior (desde hace 100 – 80 millones de años).

A partir de ahí, nos situamos en la parte más controvertida de la publicación. El poder tsunamigénico de estos procesos es muy discutido ya que, “aunque movilizan un volumen importante de rocas, la ola que generarían no sería tan enorme como se pudiera pensar”. Estos colapsos de flanco no se producen normalmente como un hecho único y aislado en el tiempo movilizando enormes cantidades de roca, si no que se producen de forma multi-episódica, a través de varios procesos de deslizamiento y dilatados en el tiempoY porque  algunos llegan a generar un devastador tsunami como el antes mencionado en Indonesia y otros, no provocan apenas consecuencias como  el ocurrido sobre el cono volcánico de Tagoro durante la erupción volcánica de la Restinga en 2011, lo siguiente es seguir investigando. Vendrán más trabajos que nadie reseñará en la prensa ni en las redes, aunque Ricardo es optimista, “queda mucho por descubrir e investigar sobre estos desconocidos procesos geológicos, mecanismos de rotura, dinámica y su papel en la transferencia de sedimentos desde las islas oceánicas a las llanuras abisales, que como en el caso de las Islas Canarias llegan a recorrer casi 750 km“. Y siempre con la mirada puesta en la prevención y el servicio público, porque las conclusiones de este trabajo “nos obligan a revisar y actualizar los sistemas de alertas de seguridad como el “Protocolo de avisos sobre fenómenos susceptibles de generar maremotos” que no contempla la actividad volcánica como un fenómeno potencialmente tsunamigénico, además de no existir sistemas de alerta para su prevención”.

DOI: 10.1016/j.epsl.2018.12.020


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