Niños aprendiendo a usar los “rifles”

img_6265Son pequeños, pero ya los saben utilizar y a sus padres no les importa. El manejo de los “rifles” podría serles de utilidad… No hay más que verlos moviendo sus bateas, entusiasmados por encontrar un pequeño fragmento de algo que pueda parecerse al oro en ellas. ¿Qué se habían pensado?

Hablamos de los “rifles”, esas acanaladuras dispuestas en las bateas que estos pequeños buscadores de oro han aprendido a usar en los talleres que imparte la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid. Después de pasar por ellos, los chavales le mirarán con el brillo de quien ha experimentado ya esa fiebre del oro que llevó a tantos pioneros a apostarlo todo a la carta de la suerte. Yo lo viví en mis propias carnes. Martín, de apenas cuatro años de edad estaba dispuesto a todo, incluso a meterse de cabeza en una aún fría primavera dentro la piscina con la que al efecto cuentan en el patio de la ETSI para recrear las sensaciones que vivían los aventureros del Lejano Oeste.
Según nos cuenta una de las monitoras, dependiendo de la edad se les explica en qué consistía esta técnica hoy casi en desuso: “es la extracción del oro del agua de los ríos que llega normalmente de alguna mina o por la caída de alguna roca de cuarzo que, al caer, de su interior como pesa más, va a parar al fondo del río. Para recuperarlo antes se empleaban las bateas, un método muy costoso que puede llevarte todo el día, sin que saques nada y por eso hoy se realiza con materiales más profesionales”. Antiguamente por lo que nos comentan las bateas se hacían de madera o de corcho y como con esos colores no se distinguía correctamente lo obtenido, aparte de deteriorarse al estar en contacto con el agua pasaron a ser de metal y luego a ser sustituidas por las actuales de plástico.

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La experta en aleccionar a los más pequeños nos detalla pormenorizadamente el proceso: “Para el bateo primero se usa el cedazo en el que se deposita todo lo que vendría a ser el fondo del río, de manera que arriba se quedarían los palos grandes y las rocas, mientras que abajo caería el oro con la arenilla más fina, que cae primero a una batea más grande -que nos enseña- y moviéndola en círculos o de adelante a atrás, bateándola, para que la fuerza del agua arrastre la arena para que vayan quedando en los rifles las piedrecitas más chiquititas, es decir, la piedrecita de oro. Entonces, volvemos a pasar lo obtenido a una batea más pequeña hasta que en los rifles quedara el oro que, en el bateo real tiene aspecto como de purpurina”.

Mientras los mayores hablamos, los pequeños espoleados por la fiebre del oro, han sumergido ya sus bateas en el agua y van moviendo de adelante hacia atrás para que la fuerza del agua les regale el ansiado obsequio de la tierra

Seguramente si viviéramos en Asturias o en Ourense estas explicaciones serían innecesarias pues, como nos cuentan hay concursos de bateo de oro, pero como en pleno Madrid la búsqueda de oro es casi una quimera, la mejor forma de alentar a los niños a ejercitar la paciencia es proporcionarles las herramientas y dejarles durante un rato experimentar si el esfuerzo tiene recompensa. Mientras los mayores hablamos, los pequeños, de entre 2 y 7 años, espoleados por la fiebre del oro, han sumergido ya sus bateas en el agua y van moviendo de adelante hacia atrás para que la fuerza del agua les regale el ansiado obsequio de la tierra.

img_6277Nos aseguran que muchos padres y madres que llevan a sus hijos a probar se quedan con las ganas de meterse ellos en faena. Los niños atienden entusiasmados a la historia de la educadora que, marioneta en mano, les lleva a echar una mano a Titus, el soldado romano que junto con sus tropas fue a buscar oro en Las Médulas y “…de tanto andar, se quedaron sin provisiones y decidieron que tenían que ir al pueblo a buscar víveres. Él que era el soldado más rápido, de camino al pueblo perdió las monedas que llevaba, pero encontró a unos niños que le enseñaron a buscar oro en el río y con un poco de ayuda recuperó el dinero para poder comprar”. Según nos cuenta la monitora, los niños se divierten y están pendientes de lo que hace la marioneta como si fuera uno más, entrando en la historia, aunque “lo que más les llama la atención es lo que luego se llevan a casa, sus pepitas de oro”.

“Lo que más les llama la atención es lo que luego se llevan a casa, sus pepitas de oro”

Christian junto con Sandra desarrollaron la idea a partir de un proyecto llamado “Mineral 2.0” de un profesor de la ETSIME, Ángel Fidalgo, que realizaba un taller de reconocimiento de minerales y otro de usosy aplicaciones, donde el público eran niños y adultos a partes iguales. Y de otras sesiones de bateo de oro que Íñigo Orea y su padre llevan realizando muchos años en la feria anual Expominerales.

“Aprovechando que yo andaba trabajando en el Museo y que Sandra es educadora infantil -explica Christian- pensamos orientarlos, readaptándolos por edades, para un público más infantil. Fuimos creando los cuentos sobre minerales, rocas, gemas y después añadiendo otros temáticos sobre el cobre, energía, sobre minerales industriales que ya lleva un año y el último que hemos hecho es sobre maquinaria. Cuando escogemos un tema lo vamos adaptando a todas las edades, de dos a siete años y de ocho a doce”. En el caso de los pequeños siempre la mecánica incluye un cuento con marionetas y los que tienen hasta doce años participan en un juego con pistas, mientras que para los chavales a partir de doce preparan temas como minerales y electrónica, donde s despieza un móvil de última generación y les comentan los elementos, por ejemplo, que componen un móvil y aprenden qué son las menas en la media hora que dura el taller. Así, lo que empezó como un hobby se ha incorporado ya a proyectos europeos, gracias a esa especialización de un equipo formado por maestros, psicólogos y educadores infantiles que ha logrado que por estos talleres que tienen lugar los primeros domingos de cada mes en la ETSI hayan pasado ya más de 16.000 personas.

Por si a pesar de las explicaciones no les ha quedado claro esto del bateo, pueden verlo en

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

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