¿Sobreviviría usted como hiena?

IMG_20180302_084122Los incautos que se internan en el yacimiento de Fonelas P-1 no saben lo que hacen. Cruzando la puerta no están accediendo sólo a un recinto científico único en el mundo, sino adentrándose en una experiencia que no imaginaban, la de convertirse en hienas por unos minutos y luchar por su supervivencia hace dos millones de años.

El guía o llamemos chamán de esta inenarrable experiencia no es otro que el paleontólogo Alfonso Arribas, que ahí donde lo verán es todo un contador de historias de los buenos. Y decimos inenarrable, porque con nuestra torpeza intentaremos reproducir el ambiente que durante la travesía genera en los espectadores el investigador con su relato, aunque mucho dudamos que el intento sea baladí y nuestra narración no sea más que una desafortunada finta de lo que encontrarán allí cuando vayan. Pero siendo así y todo, nos atrevemos a remedar su relato. Así que, vaya a continuación la historia…

Pero antes…

El clima del Geolodía de este año en Granada seguramente no era el más propicio para crear esa sensación casi de trance en la que entran los visitantes de la Estación paleontológica Valle del río Fardes del IGME en Fonelas, donde el habitual calor de las tierras granadinas probablemente ayude a sugestionarse e imaginar la peripecia que describe el investigador del Instituto Geológico y Minero de España. Para los que no lo conozcan, cosa que sería muy probable, por la pudorosa actitud de Arribas, siempre reticente a convertirse en protagonista, entregado como está a sus tareas de investigación, verdadero foco de interés según nos dice a todas luces, debemos decir que Alfonso Arribas es todo un personaje. No se distingue por ir encorbatado, ni tampoco disfrazado de aventurero con salacot. Pero lo reconocerán enseguida si se acercan a la Estación paleontológica de Fonelas porque se sentirán cautivados por su charla. ¡No dejen de hacernos caso y vayan!

2018 geolodia Granada equipo 2.jpgTraspasado el umbral de la Estación Paleontológica habremos aceptado la convención que nos hará despojarnos de la realidad tal y como la conocernos para arrojarnos en brazos de una completa transformación: “divulgar es dar información, pero interpretar es crear emociones”. El viaje que nos propone el científico lleva a la gente primero hasta dos millones de años y para que se sientan más cómodos, Arribas invita al grupo, habitualmente de no más de 30 personas, con un acogedor “¡Están en su casa!”. Lo más complicado de toda esta aventura de llevarnos desde la actualidad hasta hace 2 millones de años es ubicar al visitante en el tiempo, “porque el problema que tiene la sociedad es cómo comprender el tiempo profundo de los geólogos”, nos aclara el investigador del IGME.  “Y como no hay forma, no lo van a comprender”, insiste, recurre a un “sortilegio” verbal para envolverlos con su explicación y rápidamente llegar a esa época. “Hemos llegado –asegura con determinación- y ya estamos viviendo todos hace dos millones de años. Para completar la inmersión, se hace necesaria complicidad más, la de olvidarse del paisaje que ven con sus ojos, irreal hace dos millones de años y seguir las indicaciones de su guía para entender lo que uno podría encontrarse en aquel tiempo.

El investigador consigue una experiencia inmersiva con el visitante para que vivan como un grupo de hienas hace dos millones de años en tierras granadinas

¿Quién quiere ser matriarca?

Y como “quiero que sean protagonistas -nos dice- una vez que ya todo el grupo está convencido de dónde están temporalmente, les insisto en que estamos viviendo en familia. Les digo así, familia, estamos viviendo en una llanura fluvial extensísima con un río maravilloso, con un canal de 150 metros de ancho bosque y a partir de ahí, les digo ya no sois seres humanos somos un clan de hienas. Claro, la gente se queda un poco pasmada”, nos comenta con un participio que suena más a andaluz que a castellano, herencia de la vena andaluza que Alfonso ha bebido en estos tiempos. “Y a partir de ahí les explico cómo funcionamos, es decir, con un matriarcado y entre el público pregunto ‘¿quién quiere ser la matriarca entre las hembras?”. Llegados a este punto los visitantes han caído en la “trampa” y transfigurados mentalmente en hienas, lo que les resta es elegir el sexo y la edad que más les acomoda. “Al entrar –matiza Alfonso- somos todos hombres, mujeres, niños, abuelos, gentes de todo tipo y pido voluntarios de todos los grupos. Siempre me hace gracia que las que piden ser la matriarca, la que maneja, la jefa, sean niñas y no adultas y a partir de ahí les vamos dando folletos gratis a todos”. Una estratagema que le permitirá al científico seguir llevándolos a su gusto por el recorrido del recinto, pues él se reserva la Guía de los Mamíferos, que no reparte a todo el mundo desde el principio, utilizándola a modo de recompensa para su jauría de hienas. “Tengo un taco de diez por grupo, y a la gente más participativa le entrego uno, mientras que, si la veo dormida, les intento involucrar, por ejemplo, cada vez que quiero una matriarca pregunto ‘¿quién dirige nuestra familia?’ y si se ofrece una niña, le digo, ‘¡toma, una guía!’ y a partir de ahí les explico cómo funcionamos, lo que me va a permitir explicar aspectos del yacimiento”.

Ese funcionamiento del que habla Arribas termina por ubicar los roles de todos y cada uno de los presentes: “Como funcionamos en un matriarcado, tú matriarca, eres la que todos los años te quedas preñada, porque eres la que controla la familia y sabes cómo va a ir este año la dinámica climatológica y tú decides cada año cuántas de tus compañeras hembras se pueden quedar preñadas o no y a partir de ahí tenemos cachorros”. Peor tarea les reserva a los hombres: “Ya no les trato como hombres, sino como machos y les explico, ‘machos, tenemos un papel muy poco significativo. Somos observantes, valemos para lo que nos digan y sobre todo para traer con las demás hembras comida aquí, al cubil”.

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Lo que los huesos cuentan de un día de caza, lejos del cubil

Contra lo que pudiera parecer los asistentes no sólo no se resisten a su nueva vida como hienas, sino que alguno se encuentra como en casa con esa nueva vida de carroñeros. Para ello, el científico de la Estación paleontológica Valle del río Fardes les mete en su papel a través de temas emocionales, recordándoles que “la matriarca está decidiendo quién se reproduce, quién pare, porque ahora estamos en nuestro cubil en una llanura al aire libre y tenemos los cachorros del año, que ya los habéis parido y están recién nacidos, nuestras mini-hienas de este año y estamos criando todavía a los cachorros del año pasado que tienen de 6 a 9 meses, jovencitos a punto de cambiar los dientes de leche, dientes que nos los estamos encontrando en el suelo cuando vamos paseando”. Así que, todos los visitantes, machos y hembras, se sienten casi a cargo de una improvisada guardería de animales que depende de ellos.  “Por eso, los adultos tenemos que salir todos los días a campear por las llanuras, para buscar comida, para alimentarnos nosotros y para dar comida a estos adultos que vigilan y a los jovencitos que no pueden salir de estos cientos de metros cuadrados del cubil”. Y en medio de esta enternecedora fábula, Arribas pide “tres machos voluntarios que vengan conmigo de campeo, porque hay un hambre canina”. La petición, por supuesto, es recibida con un ramillete de manos alzadas que Alfonso gratifica con una de sus guías para aquellos “machos que se vienen conmigo. Y entonces me invento el paseo y les digo, ‘familia, ¡nos vamos a por comida!’.

El registro geológico de los últimos cuatro millones de años que posee la cuenca de Guadix va desde cinco millones de años hasta hace medio millón

En este interín, “nos hemos alejado medio kilómetro y en el camino les voy conduciendo hasta donde está la siguiente parada”. Al grito de “¡parad, parad!” del responsable de Fonelas P-1 se crea un silencio que, el científico culmina a la voz de “¡No hagáis ruido!”. Acto seguido les explica la imperiosidad de ese mutismo reclamado: “Estamos ante una hembra de mamut que está muerta a medio kilómetro. Nos vamos acercando y no sabemos por qué ha muerto, pero está recién muerta. Pero hay un diente de sable, un Homotherium, del tamaño de un león, que está empezando a intentar abrirle la tripa para eviscerar, para comer”. En ese momento, Alfonso les recuerda la predilección de las hienas por las vísceras, como otros félidos y les alerta de que, pese a la presencia del diente de sable, “somos tres y él sólo es uno, así que podemos con él. Si fueran dos y sólo estuviera yo, un macho de hiena de mediana edad, ya cascado, con un poco de artrosis, lo llevaría mal, pero así, echamos al enorme félido”. Logrado el objetivo, lo inmediato es saciar el hambre: “¡Vamos chicos a comer, que llevamos tres días sin comer ninguno de la familia!”, les incita. Y prosigue su relato diciendo: “Empezamos a comer parte de las patas, pero una vez que hemos comido, tenemos la responsabilidad de llevar comida a los adultos que están allí cuidando los cachorros. Así que con nuestros potentes dientes desmembramos las patas, porque no podemos transportar un cráneo, primero, porque pesa mucho”. El paleontólogo de esa forma, les va explicando por qué no puede haber un cráneo de adulto de este tipo de animales en un cubil, no sólo por los dientes de las hienas, sino por las dimensiones de la cortical del hueso de mamut y les conmina a conformarse con unas patas “que sí podemos llevar”.

El excepcional registro geológico de los últimos cuatro millones de años que posee la cuenca de Guadix-Baza va desde hace cinco millones de años hasta hace medio millón

El ojo del cazador experimentado

Como les dijimos al principio, Alfonso Arribas envuelve a los visitantes con su didáctica explicación y a lo largo de sus años de divulgador ha conseguido tal manejo de la historia que, hilvana para sus hienas una verdadera trama con desenlaces tan inesperados como éste: “Entonces, les cuento a la familia, mis tres compañeros ya se están llevando las patas que hemos desmembrado, pero no han estado espabilados como yo que he visto que la hembra de mamut estaba preñada. Ellos que no la han eviscerado van camino del cubil, pero yo, al abrir la tripa voy a ver qué sale”. Ante semejante giro de la historia el público empieza a sugerirle, sugerencias premiadas, por supuesto con la Guía de campo de los grandes mamíferos de Fonelas P-1, pero sobre todo, con la continuación de esta historia de intriga en que el científico ha logrado convertir lo que podría haber sido un paseo más por un aburrido museo paleontológico. “Y al abrir la panza, les digo, ¿qué sale?, el feto de un mamut, contesta alguno. Un mamutito, porque la hembra estaba preñada. Pero eso es una delicatesen, así que, lo cojo con cuidado, no me lo como, porque me he alimentado bien y se lo llevo a los jovencitos, para que coman”. Y es ahí, donde el investigador hace un receso para incorporar datos sobre  la excavación: “¿Y sabéis por qué lo sabemos? –pregunta a sus entregadas hienas-, porque nos hemos encontrado los huesos de los fetos de mamut en el yacimiento”. Y como éstas hay muchas historias por las que sabemos la vida y las costumbres de los animales de esa zona detenida en el tiempo del futuro Geoparque del Cuaternario Valles del Norte de Granada con las que, los que por unos instantes fueron hombres y mujeres hienas saldrán encantados.

(*) ¿Verdad que si les hubiéramos contado todo esto detallando todo el registro paleontológico de los últimos cuatro millones de años que posee la Hoya de Guadix, desglosando la etapa endorreica y exorreica, abarcando la primera de ella desde cinco millones de años hasta hace medio millón, o nos hubiésemos centrado en las unidades del paisaje y una magnetoestratigrafía de lujo su sensación hubiera sido otra muy distinta? Pues eso es lo que divulgadores de la ciencia como Alfonso Arribas, por otra parte, enamorado de su trabajo –les dejaremos con la miel en los labios si les decimos que su despacho en el IGME merecería un capítulo aparte-, ha aprendido en sus años de experiencia. Contando con el entusiasmo de quien vive cada descubrimiento como el primero y sabiendo que esos espacios que abre al público son tan suyos como los Goyas o los Velázquez del Prado, aunque la ciencia mal explicada los haga distantes y ajenos como un edificio oficial.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


Y si te interesa conocer más en detalle la experiencia que ofrece Fonelas entra en nuestro tablero de Pinterest Geoparque Cuaternario en Granada.


Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)

Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

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