Modelizar cada gota de lluvia para evitar el desastre

IMG_20180326_135351.jpgHan dicho de él que es el friki de las rocas, pero Andrés Díez-Herrero es algo más que un titular. Cierto es que en el último Pint of Science departió en una cervecería sobre las virtudes de las aguas segovianas -una tierra a la que está más que entregado como demuestran sus últimas investigaciones sobre los primeros pobladores de la provincia- para la elaboración de bebidas espirituosas. Y que lo mismo participa en una charla para preparar a los técnicos de protección civil sobre las catástrofes de su ramo, la hidrología de crecidas, que se convierte en personaje de un cómic por su querencia a los azufres de Conil. Porque la dedicación de Andrés trasciende la jornada laboral como verán en la crónica que nos ocupa.

DSC_0166.JPGCae la tarde en Navaluenga. Es el 9 de marzo. Un temporal con nombre, Félix, deja a su paso por la localidad abulense caudales de 300 m3/seg., provocando estragos a su paso. El alcalde, ya todo un conocido de Andrés, porque lleva sondeando la conducta del Alberche y el Tiétar más de 25 años, no duda en descolgar el teléfono y llamar al técnico, pese a ser viernes, pese a entrar la noche, pese a tratarse de un imprevisto al que otro hubiera respondido no atendiendo la llamada. Díez-Herrero, sin embargo, decide desplazarse en su coche a la localidad y colaborar durante la fase de emergencia asesorando a todos los agentes presentes, corporación municipal, voluntarios de Protección Civil, vecinos…, sobre la previsión de niveles de la avenida, medidas de emergencia hasta el descenso del hidrograma. Todo para salvar viviendas y enseres frente a la catástrofe, poniendo el conocimiento del hidrólogo y geomorfólogo al servicio de la ciudadanía. Prontitud, eficacia y un conocimiento de cómo “domesticar” a la bestia que es un río crecido lograron minimizar el impacto de lo que podría haberse convertido en una tragedia de mayores proporciones. Eso sí, las labores de control les mantuvieron ocupados hasta casi las tres de la tarde del día siguiente, cuando el nivel del río había bajado suficiente, y el alcalde canceló el nivel 1 de emergencia. “Entonces -reconoce con prudencia Andrés- allí ya una vez que no tienes que asesorar al alcalde, lo único que podemos hacer es estorbar, salvo que ayudes a los vecinos a limpiar un poco lo que había producido la inundación y poco más. Porque tú estás aquí con una cámara de fotos para hacer tu trabajo y muchas veces por vergüenza y por respeto a esa gente no tomas datos y te pones las botas de goma y les ayudas  a sacar cubos de agua o a levantar las sillas y las mesas para que no les afecte el agua”.

“Estás aquí con una cámara de fotos para hacer tu trabajo y muchas veces por vergüenza y por respeto a esa gente no tomas datos y te pones las botas de goma y les ayudas  a sacar cubos de agua”

Pero dejemos que el protagonista nos cuente más detalles: “El IGME, en realidad, no tiene competencias en temas de protección civil, pero asesora como ente científico y técnico a las distintas administraciones públicas, de tal manera que si ocurre una inundación a escala nacional de nivel 3 que afecta a varias comunidades autónomas el ministro del Interior convoca un comité de expertos que asesora al Gobierno. Ocurre lo mismo con las comunidades autónomas y municipios. Y eso es lo que ocurrió el pasado 9 de marzo en Navaluenga, uno de los pocos municipios castellanos y leoneses con un Plan de Protección Civil ante el riesgo de inundaciones que ha elaborado el IGME de forma gratuita como contrapartida a la colaboración del Ayuntamiento durante décadas en nuestras investigaciones. Por eso, cuando hay riesgo de inundación el alcalde se pone en contacto con nosotros”. A deshora, añadimos. “Lo que pasó no era previsible -les excusa Andrés- y las inundaciones no conocen de hora ni fecha en el calendario. El nivel del río Alberche subió por encima del nivel de alerta y empezó a entrar en las casas y en los establecimientos hosteleros de las márgenes de Navaluenga. El alcalde me llamó comentándome que iba a declarar el nivel 1 de emergencia”, nos cuenta Díez-Herrero.

DSC_0207Entrenados para minimizar el desastre

No es extraña la determinación del edil, aleccionado sobre los pasos a seguir de acuerdo con ese Plan del que hablábamos. “Cuando el alcalde declara cada nivel de la emergencia sabe qué medios actúan en cada fase. En una primera tan sólo actúan los operarios municipales, en la siguiente pasan a intervenir los voluntarios de Protección Civil y eso hace que se minimicen los riesgos”. ¿Finalmente depende de lo benévola que sea la naturaleza?, le preguntamos, a lo que contesta: “El estar organizado y tener un plan con antelación que permita saber cuándo tiene que actuar cada uno, a qué teléfono llamar y cuándo hay que elevar el nivel de emergencia minimiza los daños que produce la inundación y muchas veces evita que se produzcan”, explica el investigador del IGME. Lo que contribuye también a reducir a la par las pérdidas económicas: “Nosotros hemos hecho en varias localidades de Castilla y León estudios de riesgo económico y de cómo las distintas medidas de mitigación (tener un plan de protección civil, poner diques, dragar el río, aumentar la luz de los puentes…) reducen ese riesgo. Y con estos estudios se analiza cuánto cuesta dragar el río frente a la reducción que se produce de riesgo. De esta manera se elige cuál es la medida óptima con menor coste”.

“Montamos un taller intergeneracional entre los abuelos y los nietos en el que los abuelos recordaban inundaciones pasadas a los nietos que no habían vivido ninguna. Y al recordarlas se volvían conscientes de la cantidad de veces que habían visto el río desbordado”

IMG-20151129-WA0001.jpgUnos estudios que ya han cumplido una década, por lo que nos cuenta el segoviano. “En este tiempo hemos aprendido, sobre todo, de nutrirnos de equipos multidisciplinares que incorporan economistas, sociólogos, psicólogos ambientales, porque nos hemos dado cuenta que, si la gente está concienciada de que vive en una situación de riesgo suele estar mejor preparada para actuar en una situación así”. Por eso, simultáneamente a los trabajos meramente hidrológicos, los técnicos del IGME han puesto en marcha campañas de sensibilización y educación de riesgo en los que tratan de articular, aunque suene raro, verdaderos planes de comunicación. “Primero hacemos una encuesta previa para saber qué percepción tiene la gente de la situación de riesgo en la que vive. En esa ella se obtiene cuál es nuestra población objetivo. En el caso de Navaluenga, por ejemplo, se detectó que había un sector poblacional, matrimonios con hijos en Secundaria, con edades entre 40 y 55 años, que tenía una baja percepción del riesgo y, sin embargo, vivían en situación de riesgo. A ellos es a quienes se dirigen las acciones de comunicación, porque no es el que asiste habitualmente a la típica charla, pero sí participa en un concurso para los chavales.  Otro colectivo al que queremos dirigirnos es la población anciana que, por estar habituados a haber sufrido muchas inundaciones, ha generado en ellos una falta de alerta ante estas situaciones. Para ello montamos un taller intergeneracional entre los abuelos y los nietos en el que los abuelos recordaban inundaciones pasadas a los nietos que no habían vivido ninguna. Y al recordarlas se volvían conscientes de la cantidad de veces que habían visto el río desbordado. Tuvo mucho éxito y se combinó con una exposición de vídeos y fotografías de inundaciones históricas en las que la gente veía la cantidad de veces que se había inundado la localidad. Con posterioridad hicimos otra encuesta a las mismas personas para ver cuál había sido su grado de participación en las actividades y cómo el grado de participación condicionaba que hubiera mejorado su percepción del riesgo y afortunadamente comprobamos que sí que había servido de algo”, nos detalla.

DSC_0022.JPGEquipos de acción siempre alerta

En un nivel 1 es una actuación a escala municipal, así que vale con que se desplacen uno o dos técnicos. Lo ideal es que se desplacen dos por cuestiones de seguridad y operatividad, porque si la emergencia se prolonga muchas horas, como ocurrió en el caso de Navaluenga, es conveniente establecer turnos de descanso o simplemente un relevo en las tareas de toma de datos sobre el terreno y asesoramiento al alcalde. En cuanto a los medios los técnicos del IGME cuentan con un listado de los materiales básicos con los que desplazarse, desde un botiquín básico hasta los programas informáticos imprescindibles, el tipo de comunicaciones necesarias, porque una vez que se desata la inundación, nunca se sabe. Los técnicos, pasan a ser en esas situaciones las “cabezas frías”, a partir de los datos que arroja su trabajo de campo para asesorar a las autoridades. “El responsable de las emergencias es el alcalde y él es el que toma las decisiones finales. Nuestra labor es únicamente la de asesorarle y darles nuestra visión acerca de cómo actuaríamos. Pero no tiene por qué hacer caso de nuestras recomendaciones. Normalmente sí, porque ellos saben que tenemos un conocimiento profundo y prolongado de ese río y de cómo actúa. Pero también es cierto que el margen de maniobra a veces es pequeño. En el caso de una inundación como aquella no es muy grande, porque viene todo condicionado por lo que viene de aguas arriba. No es como otros eventos que se generan allí mismo. Y tú estás viendo cómo se generan”.

Nos surge la duda de si las instrucciones que dan son de tipo operativo como dónde poner sacos terreros, por ejemplo, si sigue subiendo el nivel del agua o si se limitan a cuestiones más técnicas y asépticas. Andrés Díez niega con la cabeza y nos aclara: “Las indicaciones son, si el nivel sube 30 centímetros más, que parece ser que va a ocurrir en la próxima hora, el río va a saltar por la zona de la escollera y va a entrar un brazo por delante del bar “Los Álamos”, por lo tanto hay que evacuar a todos los vehículos que hay en esa zona. El alcalde da instrucciones a la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil que se desplazan con un megáfono y a todos los propietarios de esos vehículos les hacen sacarlos de allí. O se puede recomendar, corta la calle Virgen de los Villares, porque dentro de media hora el agua va a inundar la calle y todas las personas que estén en la misma hacia el río se van a quedar incomunicados dentro”. Sorprende, casi diríamos que da miedo, el grado de precisión de las instrucciones que se cumplen con rigor milimétrico, aunque Andrés lo explica enseguida: ”Date cuenta que en el caso de Navaluenga llevamos 25 años haciendo modelos informáticos hidrológicos e hidráulicos que permiten saber con precisión de centímetros cómo se va a desarrollar la inundación del casco urbano. Por supuesto, los modelos son simplificaciones de la realidad y lo que se observa y lo que ocurre en la realidad difiere, pero grosso modo el comportamiento es bastante parecido a nuestras predicciones”. De ahí que el equipo del IGME, dado el grado de conocimiento de la dinámica de las inundaciones en localidades como Arenas de San Pedro y otros municipios le permite ver el efecto de acciones de autoprotección de los vecinos durante la emergencia. “Vamos a presentar -añade- en septiembre a un congreso la reducción de riesgos dentro de las viviendas como consecuencia de que la gente construye colocando dos escalones en la entrada de casa o colocar sacos terreros o planchas”.

“En el caso de Navaluenga llevamos 25 años haciendo modelos informáticos hidrológicos e hidráulicos que permiten saber con precisión de centímetros cómo se va a desarrollar la inundación del casco urbano”

DSC_0024.JPGUn conocimiento tan exhaustivo le lleva a uno a plantearse ¿cuánto tiempo puede estar Andrés Díez en Navaluenga? “A lo mejor -responde apurando la cifra- al año estamos 20 o 25 días, sobre todo porque tenemos una red instrumental en Venero Claro más densamente instrumentada, valga la redundancia de España, pues en tan sólo 15 kilómetros cuadrados tenemos siete pluviómetro y tres estaciones meteorológicas, un radar meteorológico… y un montón de instrumental que nos permite saber -como decimos en broma- qué ocurre con cada gota de lluvia hasta que sale de la cuenca. Esa red instrumental y su mantenimiento nos obliga a ir mínimo cada mes y medio a cambiar las pilas a comprobar que los aparatos están midiendo adecuadamente. Eso sin contar las acciones formativas antes mencionadas”.

IMG-20151212-WA0002Aprender de cada salida al campo

Podemos imaginar que en localidades donde su trabajo es menos conocido, su labor se orienta a tareas más ingratas por esa falta de conocimiento suficiente y de concienciación. ”Todo el mundo trata de minimizar el riesgo al que está expuesto, aunque cuando hay inundaciones todo el mundo dice, ‘claro, si esto se veía venir’, aunque previamente te tildan de catastrofista.  En el nuevo proyecto que nos acaban de conceder vamos a extrapolar todos estos conocimientos que hemos adquirido en la zona de Navaluenga a municipios que hay en Zamora y vamos a establecer en ellos auténticos estudios de riesgo, no sólo de la inundabilidad, sino de la población vulnerable, los elementos del patrimonio histórico-artístico vulnerables, etc., para calcular el verdadero riesgo al que está expuesta esa población. A partir de entonces haremos un plan de mejora de la percepción del riesgo con un equipo de psicólogos ambientales que se van a ocupar de hacer planes de comunicación”.

¿Y no se podría aplicar esa metodología a las grandes ciudades? “Por nuestra experiencia -asegura- es más sencillo empezar a ensayar las metodologías calibrarlas en municipios pequeños y luego extrapolar eso a municipios grandes, que no empezar a intentar abarcar un gran núcleo de población como Madrid o Barcelona donde hay tantas variables que se te escapan. Aunque si el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, solicita al IGME un asesoramiento ante el riesgo de inundaciones podríamos participar. De hecho, nuestros estudios emplean modelos hidráulicos bidimensionales adecuados para zonas urbanas”.

Quizá con el salto a las grandes urbes llegaría un adecuado conocimiento por parte de la ciudadanía… “Yo creo que no, porque los temas de inundación están muy bien trabajados por la Administración Pública española. Otros expertos como nosotros en la Confederación Hidrográfica del Ebro lo hacen igual o mejor que nosotros; por ejemplo, Marisa que es una técnica que lo está haciendo fantástico, porque es la que mejor conoce el Ebro, puesto que lleva allí muchos años en el tramo medio. De hecho, yo diría que somos pioneros y de los mejores técnicos de toda Europa y sin embargo, la opinión pública a través de los medios solo percibe lo que nosotros llamamos el efecto España Directo que es una periodista paseándose por una urbanización construida en zona inundable y sacando imágenes de personas a las que se les ha arruinado la vida. Con eso la imagen que se transmite es que la administración pública española está despreocupada. La gente siempre busca un culpable: no limpian los ríos, nos tienen abandonados y nadie se ha pasado por aquí. Y la siguiente es quién me va a pagar a mí todo esto que me ha producido la inundación”, se lamenta.

DSC_0149La información es poder…

Andrés Díez nos confiesa que muchas de las fotografías y vídeos que toman durante el evento son de cuestiones que “nosotros no habíamos sido capaces de modelizar, por ejemplo, el papel de la flotación de ramas y troncos que en el caso de otros ríos nosotros hemos estudiado en profundidad, pero nunca en el Alberche y nos hemos dado cuenta que es importante, porque parte de la peligrosidad es debido a esos troncos y ramas durante la inundación”. Recientemente, comenta, han publicado en una prestigiosa revista internacional un estudio sobre la percepción que tiene la gente de la presencia de madera en la peligrosidad de un río. “Hemos sometido a varios miles de personas de Navaluenga, la zona del Pirineo y de localidades del Ebro que se han anegado como Pina de Ebro, entre otras, a unas encuestas visuales con fotografías de ríos en los que había madera y no había muertos. Se les enseñaba 76 fotografías y la gente tenía que decir sin eso lo veía peligroso o qué haría para evitar que hubiera peligros. Efectivamente en determinados sectores de la población, sobre todo rural y mayor, existe la creencia de que la peligrosidad del río está asociada a esa presencia de madera muerta en los márgenes. Sin embargo, curiosamente jóvenes universitarios y con sensibilidad ambiental ven con buenos ojos esa presencia de madera que da diversidad a los ambientes fluviales y al final no lo perciben como peligroso sino como agradable. Eso no significa que se vayan a talar los árboles de la ribera”.

DSC_0158Habría quien quisiera que estos trabajos quizá se aplicaran únicamente para paliar los efectos de las catástrofes y que no llegaran al ámbito de la prevención, de anticiparse, aplicando medidas que ordenen los territorios. La Ley del Suelo, modificada en 2015, obliga que cualquier actuación tenga un estudio de viabilidad ambiental, un estudio de riesgos y un mapa de riesgos de las zonas urbanizables. “Desde hace año y medio tenemos un Real Decreto que dice en cada zona inundable y con diferentes grados de peligrosidad qué cosas se pueden hacer y qué cosas no… Por lo tanto si una administración no lo incorpora la ordenación urbanística es porque no quiere”, determina Andrés para proseguir diciendo “La media de todos los años son casi 800 millones de euros lo que nos gastamos en indemnizaciones por inundaciones, una cifra suficientemente importante como para que haya control. Valencia desarrolló hace décadas un plan territorial ante el riesgo de inundaciones de la Comunidad Valenciana que fue modélico en su momento y ha sido actualizado hace poco y que supone una regulación en la ordenación del territorio espectacular hasta el punto de que muchos municipios han visto coartadas sus ansias de desarrollo urbanístico”.

“La media de todos los años son casi 800 millones de euros lo que nos gastamos en indemnizaciones por inundaciones”

La pregunta evidentemente es cómo reciben los ayuntamientos esas apreciaciones técnicas: “Normalmente mal, claro, porque nos vendieron que el desarrollo urbanístico era lo que suponía un desarrollo socio económico. Y esto siempre se ve como una cortapisa al desarrollo urbanístico cuando no tendría por qué ser así, sino no al revés, logrando un desarrollo ordenado y que la gente allí no te va a generar problemas.  Hay dos elementos muy importantes, uno es la declaración responsable que el promotor urbanístico tiene que firmar como conocedor del peligro al que está sometido el sitio donde está desarrollando la urbanización y que debe trasladar a los compradores. De tal manera que, cuando tú te compras una casa el promotor tiene la obligación de enseñarte esa declaración responsable. Y el segundo componente que introduce totalmente novedoso, casi único en Europa, es que en el registro catastral y el registro de la propiedad va a figurar que tu casa está en zona inundable, con lo cual puede que tenga algún tipo de repercusión sobre el precio de la vivienda que estás adquiriendo que, yo creo es la mejor forma de convencer a la gente de que está comprando un terreno que está sometido a algún tipo de riesgo”.

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Los hijos de Andrés Díez-Herrero hijos en el campo, mirando un panel de geología de una geo-ruta en Segovia

Convivir con un geólogo

Vistos los horarios desordenados de su trabajo, no queda más que pensar en la familia de Andrés: “Un colega mío geólogo que iba dando charlas por los institutos sobre la profesión para convencer a los chavales de Secundaria para que estudiaran Geológicas empezaba sus charlas siempre diciendo que los geólogos somos o solteros o divorciados, porque no hay quien aguante nuestro ritmo y nuestra afición por nuestra profesión. La mayor parte de los geólogos que conozco no dejan de serlo los viernes a las tres y media de la tarde y vuelven a ponerse el traje de geólogos los lunes a las nueve de la mañana. Viven su profesión como su afición y como su pasión y eso hace que todas estas salidas de campo continuas las sufran la familia, los amigos”. No obstante, su familia ha cumplido el adagio clásico de “si no puedes enfrentarte al enemigo únete a él” y ha terminado por ir al campo con el experto del IGME o investigando sobre la minería histórica como Rodrigo, el hijo de Andrés, una afición que tiene seguramente un punto de admiración: “No sé, -nos corrige-porque está entrando en la preadolescencia con eso de negar al padre. Es una combinación de la profesión del padre y de la madre. No estoy especialmente orgulloso, muchos amigos me recriminan que más allá de la geología no tengo actividades de ocio conocidas. Hace unos años empecé a tocar la dulzaina, pero desafortunadamente tengo un oído que es una auténtica zapatilla. También me interesa mucho el ámbito cultural histórico artístico, pero siempre trato de llevarlo a mi terreno, a la geología. No en vano estoy casado con una historiadora”.

Nuevas herramientas, las de acercar la ciencia a la sociedad que aplica también a la hora de crear títulos llamativos para sus publicaciones como los que encontramos en la “Guía de las piedras de la Sierra de Guadarrama”, donde todos los epígrafes juegan con el lector, desde Las 50 sombras de gneiss, No es granito todo lo que reluce, para hablar de las variedades que se encuentran en esta sierra o Trincheras alicatadas de mármol, en referencia a los mármoles de las cumbres que con cerca de 600 millones de años durante la Guerra Civil se utilizaron para construir líneas de trincheras del Batallón Alpino.

IMG-20151212-WA0003.jpgY en eso de buscarle a todo la conexión geológica ha estado hace poco, contando la influencia de las aguas minerales en las cervezas artesanales que se fabrican en Segovia, en un ámbito poco usual hasta hace poco para los científicos, pero no para quien como él cree en la divulgación. Volvemos por tanto a la sensibilización como herramienta de evitación de desastres… “La divulgación es el primer paso para concienciar a la gente y por eso desde hace once años organizamos actividades en la Semana de la Ciencia bajo el título de ‘A todo riesgo’, una excursión diseñada para que el público asistente, unas 100 personas recorran lugares donde están ocurriendo, han ocurrido o pueden ocurrir en el futuro desastres naturales. Les enseñamos sobre el terreno los efectos y cómo nosotros analizamos y obtenemos información y qué tipo de información no conviene que borren antes de que el técnico llegue y cómo los prevenimos.  Igual que hay que adiestrar a los niños para salir del colegio en caso de incendio, vamos a hacer lo mismo con los desastres naturales. Las 100 personas que participan salen concienciados y la mayor parte de ellos terminan diciendo, ‘no sé cómo hasta ahora he podido vivir sin un geólogo’, aunque siempre les decimos que tampoco es para tanto”.

Hay gente que lo hace, porque está de moda; Andrés lo hace, sin salirse de su espacio de confort, la geología en general y la geología de Segovia en particular, “porque es el sitio donde vivo, donde me he criado y el que mejor conozco y me apasiona ver la influencia de la geología en la sociedad, hasta en la salud y me encanta hacerme el listo contando lo que yo he descubierto”, presume divertido en la despedida, sin dejar de mostrarnos las hendiduras con que el agua de una inundación mordió el tronco de un árbol. Es su última pasión, la dendrogeomorfología, pero ésa es otra historia.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


Y si te interesa conocer más en detalle sus trabajos entra en nuestro tablero de Pinterest Andrés Díez-Herrero, geólogo 24 horas.

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)

Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

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