El comandante de los pioneros en África

IMG_20180416_115318En el despacho del secretario del IGME nos topamos con un extraño elemento decorativo, un sifón de los de toda la vida junto a la ventana, que, contra lo que pueda pensarse no es el remedio necesario para apagar los incendios propios del cargo. Carlos Abad es un hombre de barba cuidadamente recortada y corbata de cuadros escoceses que, por la prestancia podrían hacernos entender equívocamente que estamos frente a un integrante de un clan MacLaghlan. No, quien nos atiende es alguien que aparentemente se dedica a los temas fríos y asépticos, pero que sabe leer más allá de la letra del presupuesto, los requerimientos, las especificaciones técnicas y se llega a implicar en cada proyecto.

Defínanos su función en la casa, le inquirimos. “El secretario -nos responde- se ocupa de todo lo que no es ciencia, investigación, prestación de servicios científico-técnicos, es decir, recursos humanos, gestión económica, informática,  infraestructuras…, y claro, de forma aséptica intentando hacer bien su trabajo”. Una distancia que como verán inmediatamente se tiñe de cercanía como ya comprobó en su paso por el CSIC o AEMET: “Lo que no puedo concebir es dedicarte a una actividad sin saber para qué sirve a lo que te dedicas. Me considero un servidor público y necesito conocer y enamorarme de lo que hago, si no, lo voy a hacer peor, porque no lo siento. Un compañero de esta casa, que es una persona destacada para mí, me enganchó cuando me presentó su proyecto en Fonelas y después de visitar su centro me dijo, ‘gracias por haber venido, habernos conocido y por haber hecho tuyo el proyecto’. Y a partir de entonces todo lo que pude hacer, que lo hubiese hecho igual, tenía para mí más sentido, porque sabía para qué lo hacía”.

Carlos Abad es una de las pocas personas con visión global de todo lo que se cuece en el IGME. Y desde esa perspectiva de servicio público reivindica las cosas útiles que se hacen para la ciudadanía a través de proyectos que van a cambiar su día a día. No obstante, reconoce la imposibilidad de “conocer a todo lo que se dedica el IGME, porque se dedica a muchas cosas, aunque lo intento con mi equipo.  Ellos viven el día a día con pasión; mi gente trabaja mucho”. Y eso a pesar de que desde hace años a las OPIs no se le da personal de cuerpos generales “prácticamente casi toda mi plantilla son técnicos muy buenos y que han sido exitosos en sus campos, reconvertidos. Yo les decía “¿estáis seguros de que queréis pasar al lado oscuro de la organización?”. No he podido buscar gente especializada en áreas concretas, porque no somos competitivos. Por eso cuando yo ofrezco a alguien de fuera que se incorpore al final les atraen los retos profesionales y lo apasionante del trabajo en esta casa, pero cuando te preguntan cuánto van a cobrar mucha gente se me tira para atrás. Es difícil incorporar gente de fuera, pero no me quejo. Los técnicos me han resultado grandes profesionales y magníficos trabajadores. Aquí cada persona tiene que saber hacer muchas cosas”.

A lo que se añade el desconocimiento de la ciudadanía: “Por supuesto en el ministerio y en el conjunto de toda la organización científica española se conoce. Internacionalmente también tiene bastante prestigio; es uno de los institutos más antiguos después del British. Por eso es importante que seamos capaces de darle visibilidad y que no seamos portada por aspectos negativos. Nosotros nos limitamos a hacer informes objetivos, normalmente a petición de parte. Cómo se utilicen esos informes y las repercusiones que a eso se le dé no tiene nada que ver con nuestra misión”, señala.

1Un funcionario dispuesto a estudiar de nuevo

Barcelonés de adopción, puede que haya encontrado en Angola una segunda “patria” por el entusiasmo con el que nos habla del plan que se está desarrollando en el país centroafricano:Bueno, otros sitios también me tienen entusiasmado. Necesito vivir y conocer y sentir que donde estoy es algo que hace cosas importantes desde mi concepto de servicio público y que modestamente con mi gente podemos contribuir a que eso funcione”. Un buen funcionamiento que le exigió sobreponerse a las dificultades para sacar adelante el proyecto en Angola, en plena crisis.  “La Administración ante grandes iniciativas novedosas no siempre lo tiene todo previsto, hay que hacer camino al andar siempre. Cuando yo llegué a esta casa una de las cosas que más me atrajo fue PLANAGEO, porque no lo había vivido. Había visto todo tipo de organizaciones incluidas sociedades anónimas, limitadas, agrupaciones de interés económico, etc., pero nunca una UTE. Es más, el primer día que me senté en esta mesa todavía me planteaba ¿es posible que un organismo público vaya en UTE, es decir, una empresa privada española, otro servicio geológico y minero de un tercer país a una licitación internacional?”. Lo que pudiera parecer un impedimento, ir a un país de raigambre lusa, de la mano de los portugueses, no lo fue en absoluto: “Cuando he estado en Angola he percibido que a España se la aprecia y se la considera mucho por parte del gobierno actual y el anterior. Me contaban que en las elecciones donde ganó Felipe González, Alfonso Guerra cogió un avión y se fue a Luanda y les ofreció un cheque con bastantes millones para ayudarles en la fase de desarrollo en esos momentos y que eso el Gobierno angoleño no lo ha olvidado nunca”. Más allá de la anécdota histórica de cómo ganarse amigos, el secretario general del IGME nos comenta que tenemos un gran predicamento en el país africano, “España tiene muy buena prensa, está muy acreditada científicamente y la prueba es que en estos momentos estamos en una fase muy avanzada ya de la adjudicación. Inicialmente era un solo proyecto, después el Gobierno angoleño decidió dividir el país en tres tercios y a nosotros nos adjudicaron uno. Es un país enorme; sólo un tercio es como toda la Península Ibérica y evidentemente era consciente cuando me senté en esta mesa que el tema era de una envergadura brutal y que nadie ha sobrepasado; me sentí intrigado y apasionado”, reconoce con orgullo. Por eso nos asegura que su primera pregunta a un abogado del Estado nada más desembarcar en su despacho fue para desentrañar cómo ir en UTE a una licitación internacional: “Como soy jurista me apasionaba el tema y tuve que volver a estudiar cómo compaginar tres legislaciones y que todo eso se convirtiera en un proyecto, como una sola unidad. En los inicios lo pasamos mal; las previsiones de gastos eran brutales. Incluso alguien cuestionaba si el proyecto podía ser la ruina de IGME. A fecha de hoy está siendo su gran apoyo; gran parte de los ingresos está siendo una gran ayuda, no sólo económica, sino desde el punto de vista del prestigio internacional. Es para sentirse orgulloso, porque tu país esté haciendo todo lo que está haciendo en un país en desarrollo tan importante como Angola”.

IMG_20180416_115410Sembrar la internacionalización

En una nación que vive fundamentalmente del petróleo la crisis se dejó sentir con fuerza: “En ese momento -confiesa- empezamos a sentir el viento frío en la nuca de que no nos pagaran más, de operar con una moneda no convertible, que el contrato estuviera en dólares. A lo que se sumaba una conversión que tenía que hacer el Banco Central angoleño cuando tenía divisas y conseguir que se nos permitiera expatriar esos dólares para convertirlos en euros. Todos esos vericuetos de la financiación, de los pagos y de las contrataciones fueron momentos de cierta preocupación”. Con técnicos y científicos desplazados sobre el terreno la cooperación debía funcionar costara lo que costara: “Claro. Finalmente se consiguió a través de unas gestiones que se impulsaron desde la gerencia de la UTE firmar un contrato con el gobierno angoleño. Todo eso ha sido un salto espectacular y una garantía para estar tranquilos”.

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Imagen de las calles de la capital angoleña

Superados los malos tragos, la pregunta es si una vez asentado el proyecto y con un crecimiento mayor de lo previsto se requerirán más recursos humanos en Angola: todo el equipo técnico portugués español está de momento dando el rendimiento suficiente para la parte adjudicada a la UTE de los tres socios. Otra cosa es si finalmente se amplía el contrato. La ventaja es que ya estamos ahí, tenemos oficinas, todoterrenos, tiendas de campaña, personal entrenado en el terreno, muy buena relación tanto con nuestra embajada como con el gobierno angoleño. Tendremos que ir viendo si con esas dotaciones tenemos suficiente o si habría que ampliar más en un futuro a medio plazo. Es un proyecto que puede servir para generar puestos de trabajo y una especie de paradigma de lo que hay que hacer en un país como Angola para poder conocer su subsuelo”. Y eso lo dice el funcionario público que intuye los problemas del mercado laboral en la geología: “Angola es una oportunidad. Salvo ese año y medio que no recibíamos ingresos, a partir de ahí no he visto más que ventajas, porque hemos sido pioneros. Creo que todavía no hay ningún otro organismo público que haya acudido a una licitación internacional. Hemos abierto camino, hemos creado ya un precedente solventando un montón de problemas con la Intervención General del Estado, porque en todos los OPIS se instauró la fiscalización previa y evidentemente no puedes supeditar la toma de decisiones de una compra o de una situación que surge y que implica un desembolso económico a que tu interventora te de el ok, sería paralizar el proyecto”. Entre los logros, cabe destacar las resoluciones favorables del Interventor General del Estado en ese sentido, la potenciación y la contratación de personal geólogo y que todo lo que contrate la UTE no lleve fiscalización “desde la compra de coches, a tiendas de campaña, empresas de vuelos, de helicópteros, antídotos para las picaduras de serpientes, se contrata un seguro especial de expatriación para que todos los empleados tengan una garantía de evacuación inmediata…, porque de otra forma cuando hubiese sido posible, ya habrían rescindido el contrato”. El siguiente paso fue negociar una productividad especial “para nuestro personal desplazado, ya que antes no teníamos incentivos para una actividad que tiene penosidad, que puede ser mucho tiempo de desplazamiento… Es que eso se te compense”.

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En la imagen, Isabel Suárez, del Gabinete de la Secretaría General del IGME y Carlos Abad, secretario de la entidad frente a la Oficina Comercial de España en Angola

Una de esas cosas que a uno le gusta poner en el currículum

Obviamente, una vez logrado el reto de lo que en algún momento ha presentado como “el último gran reto de la ciencia española en el centro de África”, hay que diseminar la buena nueva: “Lo he llegado a plantear hasta en la Secretaría de Estado y a todo el que me ha querido oír. Es importante que sepan todos los organismos públicos de investigación que es posible y es muy positivo hasta para la propia Administración española puesto que abre otros campos donde otros países con más tradición saben manejarse muy bien para eludir a veces el derecho administrativo e ir directamente a la contratación privada. España tiene algunas lagunas, pero las rigideces se salvan”. En su opinión, ahora estamos  en condiciones de que España pueda salir a prestar servicios a los países en vías de desarrollo para conocer su subsuelo y ver sus posibilidades de desarrollo. “Indirectamente estamos contribuyendo a que otros organismos públicos de investigación no tengan que hacer el esfuerzo enorme que hemos hecho aquí durante un año y medio. Ya tenemos otra resolución de la intervención general que dice que podemos facturar por la prestación de servicios a la UTE. Y de todo eso no había precedentes y al conseguirlo lo hemos conseguido para toda la ciencia española. Ha sido una tarea que si no te gusta y no crees en ello es como para decir ‘me voy a buscar otro sitio más tranquilito’”.

Así que un jurista sin vínculos familiares ni académicos con la geología deviene en elemento allanador del terreno y en colaborador de una arquitectura financiera con la que poder desarrollar proyectos de ciencia fuera de nuestras fronteras, donde nos cuenta que “también tenemos prestigio para dar formación, por ejemplo a algunos países en desarrollo de Sudamérica o África, vía proyectos del Banco Mundial o del Banco de Inversiones Europeo”.

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Pescadores angoleños faenando en el mar

Al parecer no le amedrentan las dificultades en un organismo donde los investigadores siempre necesitan nuevas inyecciones presupuestarias para poder llevar adelante su trabajo. Evidentemente se necesita dinero. Cuando me marché del CSIC ya estábamos en plena crisis. Hay que no sólo administrar lo mejor posible lo que tienes y poner un poquito de orden en las cuentas, porque se rentabiliza mucho mejor el dinero. Además, hay que ser consciente de dónde está el dinero; el dinero no nos viene vía presupuestos del Estado en la cuantía suficiente, hay que salir a buscarlo. El presidente del CSIC siempre les decía a los investigadores que el dinero está en Europa y cuantos más proyectos se consiguen en época de crisis, mejor mantenemos a un nivel prestacional los proyectos. Significa traer dinero a la organización, para seguir funcionando, para pagar la luz, el teléfono, la vigilancia, la seguridad, las cosas que se caen y que tienes que reparar de vez en cuando.No podemos dejar de consultarle si con esta tímida bonanza se prevé incrementar el personal de la institución. “La economía es muy cambiante -asegura- . En cuanto a la situación de recursos humanos, en 2014 nos habían dado dos plazas de oferta de empleo público, ahora estamos en 40 plazas. Y no nos daban más de diez plazas de cupo, mientras que ahora andamos por 15. Personal contratado asociado a proyectos había poco y en estos momentos tenemos bastantes por encima de 60. Lo que me preocupa es tener dotación presupuestaria, no que eso no vaya aumentando, porque se ha conseguido que vaya creciendo. Tengo unas sábanas de previsiones hasta 2020 sobre el crecimiento de personal y con respecto a lo que había hasta ahora son espectaculares. Estábamos creciendo con tasas de reposición ridículas y llevamos dos años con un 100 por cien de tasa de reposición y subiendo. Desde ese punto de vista si la economía se sigue comportando de una manera aceptable no veo que haya problema en cuanto a tener dotaciones de personal, lo que no sé es si es toda la que necesita o no una organización de investigación. Además de eso necesitas dinero y considero que esas buenas noticias de consolidación y de crecimiento tendrán que venir acompañadas de otras medidas presupuestarias y soluciones que ya están buscando desde la Secretaría de Estado”.

Suponemos que ésas son las previsiones de futuro que a uno le gustaría comunicar en persona a la gente que está trabajando en el IGME.”La situación de mejora de plantilla ha crecido considerablemente, aunque estamos llegando al límite y no podríamos seguir creciendo a este ritmo a lo mejor ni siquiera el año que viene, sino no nos aumentan el presupuesto del capítulo 1. La investigación necesita más dinero y habrá que salir con más intensidad a buscar dónde hay dinero para investigación. Probablemente se puede conseguir más y con resultados esperanzadores”, apunta Abad.

2El silencio de la eficiencia

El secretario no es hombre que transite a menudo por los pasillos del IGME, probablemente pocos le pongan cara a la placa del cargo, ante lo que Carlos Abad se defiende: “Lo bueno sería que no se supiera quién soy. Porque cuando todo funciona y nadie se queja no hace falta conocer a quien lo hace. No es nuestro objetivo que seamos reconocidos”. A pesar de eso, Abad dice haber llegado a sentirse uno más dentro de una institución donde ha buscado hacer suyo su entorno: sobre la mesa, algunos souvenirs como uno de la mina de Wielicka, en Cracovia, una gacela africana y en la pared, un mapa geológico del continente africano que pidió en la casa una vez que se sintió envenenado por el PLANAGEO como una suerte de Karen Blixen en “Memorias de África”, cambiándole la vida a la gente desde las alturas. La insinuación no puede más que moverle a una leve sonrisa: “No me lo había planteado así”, nos dice y añade para matizar “creo que hay que ir allí, porque te relacionas con la gente y ves cómo respiran, cómo funciona el país, un país muy complejo, apasionante también, muy grande, potencialmente con muchos recursos”. Acto seguido nos comenta que durante una reunión privada con el ministro angoleño éste les habló de la importancia que tenía para su país nuestro proyecto y de que nos lo tomáramos como lo que era, un gran proyecto que podía ayudar a un gran país del centro de África a conseguir un mayor grado de desarrollo”. Así que, no podemos evitar preguntarle si ya tiene algún otro destino en mente, a lo que Abad nos contesta: “No tengo nada previsto, intento vivir el día a día y hacer lo mejor posible mi trabajo con mi equipo”. Tal vez excesiva para la familia, pensamos: “en términos generales, lo llevan bien. Mi mujer es otra funcionaria pública muy entregada. A veces “jugamos” a saber quién va a llegar más tarde a casa”, nos dice sonriendo. Es verdad, como buen funcionario nos falta localizar el chiste de Forges adornando la pared, a lo que Abad nos responde, “tenía varios en carpetas” y por tanto, debemos repreguntar si el IGME no le deja mucho tiempo para recortar viñetas. Carlos -ya nos tuteamos- me comenta que “no me deja mucho, pero me lo paso bien, aunque a veces se sufre”.

Un capítulo, el del sufrimiento, que viene a colación al consultarle sobre sus últimas lecturas: “estoy leyendo uno sobre mi tierra, pues estoy preocupado. Es en torno a 1714, sobre todo el proceso de guerras de sucesión en España que duró catorce años aproximadamente. Fueron entre los Habsburgo y los Borbones; los franceses querían poner un Borbón en España, Felipe V y los Habsburgo al archiduque Carlos y todo el follón que había con una cantidad de infantas españolas casadas con franceses y alemanes y la guerra de saber quién tenía mayor título para poder acceder a la Corona española, porque nuestro rey murió sin descendencia”. Nos asegura que la historia es una afición en la que encuentra sosiego, una vez salido del trabajo, salvo títulos como el de Fernando Aramburu, “Patria”, no muy aconsejable para calmar los nervios: “Pero bueno son temas que a mí me apasionan”. La suya la reconoce en Cataluña: “Sí, sí, yo me considero de Barcelona. Mis padres están allí enterrados y tengo allí familia, mucha familia. Por eso, las cosas que están pasando allí, me duelen especialmente”.

En un momento de la conversación, Carlos Abad, nos revela una vocación inédita, la escritura que no descarta retomar “algún día, cuando ya no esté en la administración. En uno de los destinos primeros, siendo muy joven yo tenía una especie de diario en una mesita de noche y cuando me despertaba si había estado soñando con algo de trabajo me lo apuntaba inmediatamente para que no se me olvidara”. Actualmente ese diario lleva en blanco mucho tiempo, pese a sus intentos, por la dedicación que exige su trabajo en el IGME, especialmente ese “ojito derecho”, PLANAGEO que define como “todo un hito para la ciencia española”.

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)

Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

 

 

 

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