Recreando los escenarios del Cretácico

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Autora foto: Sara Bombaci

Todos somos seres contextuales, vivimos en un paisaje que condiciona nuestros movimientos, nuestra forma de vida, lo que comemos, cómo nos movemos, dónde nos refugiamos… Daniel Peyrot se dedica con sus investigaciones a tejer la urdimbre del telón de fondo en el que situar a las especies de hace millones de años para que las conozcamos en su entorno. Durante su reciente visita en España este francés afincado en Australia ha estado trabajando en el IGME de la mano de Eduardo Barrón, que es el Investigador Principal del Proyecto CRE que se ocupa del ámbar cretácico de España, en el estudio de los palinomorfos (fósiles microscópicos de pared orgánica: granos de polen, esporas, dinoflagelados,…) vinculados a éste.

“El ámbar -nos explica Daniel- se encuentra asociado a materiales sedimentarios con gran cantidad de materia orgánica, por ejemplo, carbones, y nosotros preparamos esas rocas y extraemos los palinomorfos con el objeto de caracterizar su edad y el ambiente en donde se generó, reconstruyendo la vegetación para entender más acerca de su producción, porque en muy pocos momentos de la historia de la tierra se han producido depósitos de ámbar, y esto se relaciona con unas circunstancias muy específicas, a partir de las cuales podemos inferir datos climáticos y paleoecológicos”.

Parece ser que las plantas que produjeron las esporas y los granos de polen relacionados con el ámbar vivieron en bosques costeros de coníferas caracterizados por la presencia de las primeras plantas con flores (las angiospermas). Concretamente, nos encontramos en el período Albiense, hacia la mitad del Cretácico, hace unos 105 millones de años. Un tiempo en el que hubo una transformación tremenda de los ecosistemas y se produjo una coevolución de muchos animales como las abejas y, a la vez, un desarrollo de los mamíferos, gracias a una dieta basada en estas plantas”. Porque, aunque pensemos que las flores son tan antiguas como el mundo, este tipo de ecosistemas de plantas con flores son modernos, como nos detalla el investigador. Para recrear algo semejante a ese jardín edénico de hace millones de años Peyrot nos lleva muy lejos: “Tendrías que ir a Nueva Caledonia o Nueva Zelanda o a bosques boreales dominados por coníferas para ver algo parecido”.

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Granos de polen aislados junto con el ámbar (Escala: 10 micras)

Sin embargo, el objetivo principal de sus investigaciones, por ser más precisos, se centra en las asociaciones de quistes de dinoflagelados del Cretácico Superior que como nos explica “son una parte del microplancton, protistas, organismos unicelulares que nadan en el mar, gracias a dos flagelos, uno lateral y otro longitudinal que les permiten desplazarse en el agua gracias a un movimiento de rotación. Se enquistan cuando las condiciones no son muy favorables y flotan dentro de la columna de agua. Los más antiguos se remontan al Triásico y tienen unos 235 millones de años”. Antes de llegar a ellos, Peyrot estudiaba el polen y las esporas que eventualmente se depositan en los fondos marinos. Lo que en terminología científica se define como un palinólogo: “como Eduardo, me dedico al estudio de los palinomorfos, todos los organismos unicelulares o coloniales pequeños preservados en fondos oceánicos y el sedimento. Son resistentes a los ácidos y cuando analizas el contenido de estos en una roca sedimentaria puedes encontrarlos a cientos. A veces aparecen algunas formas que se extinguen con rapidez. Es decir, hay una renovación constante de ellos”. Esa condición les hace idóneos para realizar dataciones y estudios evolutivos”. “Su importancia en la industria -nos detalla- estriba en que son muy buenos marcadores bioestratigráficos y, por lo tanto, útiles para la detección de yacimientos petrolíferos. Mi plaza de investigador, por ejemplo, está pagada por dos empresas petroleras, porque estos microfósiles son los principales marcadores estratigráficos para gran parte del petróleo que se puede extraer en Australia. Tienen la misma utilidad que los foraminíferos en el Mar del Norte”.

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Algunos dinoflagelados del Cretácico Superior de España (Escala: 20 micras)

Daniel asegura sentirse en España como en su casa: “El IGME es un lugar donde los paleontólogos deberían estar a gusto, porque tienen un museo con un concepto de patrimonio geológico impactante”. No es su primera estancia en nuestro país, pues llegó a él como estudiante Erasmus de la Universidad de Alcalá, y se terminó quedando doce años. Reconoce que le gustaría regresar a España, “pero voy donde está el trabajo. Mi especialidad está bastante bien considerada en Australia, por sus implicaciones con la industria del gas y el petróleo, ya que es un país productor, mientras que en Francia y España hay pocos palinólogos al no desarrollarse estas actividades”.

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Los proyectos en los que participa tienen un contexto industrial, algo muy habitual en su país de residencia: “Allí, en Australia el sistema académico es muy anglosajón. En un país latino, las universidades enseñan conocimientos, mientras que en Australia se enseña un trabajo. En España, los geólogos están mejor formados, pero saben integrarse peor en el mercado laboral. Muchos aspectos del temario de aquí no se enseñan en Australia por falta de utilidades prácticas“. Eso se traduce en que, en los Servicios Geológicos australianos no haya paleontólogos, ni siquiera en la Universidad de Western Australia. “La ciencia -dice Peyrot- se está empobreciendo al considerar solamente las disciplinas aplicadas y desterrar las básicas. El saber es importante, así como el papel de los museos y la enseñanza de la Paleontología, pero es ir contracorriente en este país”. Según nos cuenta, el nivel de conocimiento paleontológico se centra en temas mediáticos como los dinosaurios y poco más. “La presión es muy fuerte, porque allí también hay recortes y los profesores cada vez tienen más cargas administrativas”. Lo más gratificante de su actividad docente está en “el contacto con los estudiantes y ver que algunos consiguen buenos resultados profesionales. Hago poca investigación, o la hago delegada a través de mis estudiantes”. No obstante, resistiendo las presiones laborales, Daniel Peyrot continúa trabajando en palinología precuaternaria, disciplina casi olvidada en su país natal, Francia, por la escasez de especialistas y vocaciones.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


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Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

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