La que se avecina…

Caso agregación_reconstrucción de la agregación de Proisotoma communis (Autor: J.A. Peñas)
Reconstrucción de la agregación de Proisotoma communis (Autor: J.A. Peñas)

¿Conocen a los vecinos de la urbanización de Montepinar? ¿Se los imaginan eternamente congelados en ámbar? Pues algo parecido es lo que en estos últimos seis años ha observado en el laboratorio con detenimiento nuestra entrevistada, Alba Sánchez, investigadora de la Universidad de Barcelona. Porque el objetivo de su tesis no era otro que el de estudiar los diferentes grupos de artrópodos que habitaban en el suelo del bosque y medio acuático hace más de 100 millones de años. Una comunidad de vecinos inusualmente congelada en ámbar en una especie de instantánea del pasado, una Polaroid muy antigua que la investigadora ha mirado y remirado con los ojos curiosos de quien le apasiona su trabajo.

Alba_2Así, esta “paleoentomóloga”, como le pedimos definirse por simplificar, lleva más de cinco años sin levantar la vista del microscopio con el firme propósito de “llegar a comprender cómo era el suelo de ese bosque”. Su trabajo se enmarca en los sucesivos proyectos del Ministerio de Educación y Ciencia y del Ministerio de Economía y Competitividad para el estudio del ámbar de España, y ha contado con la dirección de los paleontólogos Xavier Delclòs, de la Universidad de Barcelona y de Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España. Como resultado de su investigación“se han catalogado más de 160 inclusiones fósiles y descrito una treintena de nuevos taxones, es decir, nuevas especies”.

La intensa vida en las comunidades del suelo cretácico

Esa tarea de observadora de lo pequeño la ha hecho de piezas de lo que los expertos llaman “litter amber” o ámbar de hojarasca “El litter amber -nos explica Alba- tuvo su origen en emisiones de resina que alcanzaron la parte más superficial del suelo del bosque pudiendo atrapar a los diversos grupos de artrópodos que se encontraban en su superficie. “Algunas piezas contienen individuos aislados, pero otras muestran una asociación de los diferentes grupos de organismos que vivían en la hojarasca del bosque cretácico”. Según la investigadora “estas piezas son como una pequeña instantánea de lo que pasaba en el suelo del bosque resinífero. Junto a pequeñas heces, hifas de hongos y restos vegetales y animales medio descompuestos, encontramos preservados típicos grupos habitantes del suelo que compartían espacio y tiempo, y fueron atrapados tal y como se encontraban hace 105 millones de años. De entre estos grupos podríamos mencionar los ácaros, colémbolos, pececillos de cobre, bichos bola y cucarachas”.

En una de estas piezas de ámbar, de poco más de un 1 cm de largo, los investigadores han descubierto una agregación de más de 40 ejemplares de una nueva especie extinta de colémbolos. “Este hallazgo representa la evidencia fósil más antigua de agregación en el orden Collembola, ya que hasta la fecha sólo se conocía otro ejemplo en el ámbar más moderno de República Dominicana” -nos explica Alba-. Y todo gracias a las excavaciones que se están llevando a cabo en lugares como Peñacerrada (Álava), El Soplao (Cantabria) o Sant Just (Teruel), y que son un referente mundial en el estudio del registro fósil del ámbar con bioinclusiones del Mesozoico.

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El ámbar, que es resina fósil, es una especie de “cápsula del tiempo” con valiosa información sobre la vida del pasado. “Las circunstancias exclusivas de una forma de fosilización tan peculiar como es la del ámbar, convierten a este material en una fuente invaluable de ciertos tipos de información paleoecológica. Más allá de los estudios estrictamente taxonómicos -en los que se describen y clasifican los ejemplares, y se buscan otros organismos emparentados con ellos- el ámbar como fuente de preservación excepcional contiene evidencias de comportamiento y relaciones entre organismos”, nos dice.  “En el mejor de los casos -añade- en el ámbar se encuentran algunos registros de comportamiento fosilizado en el acto, como por ejemplo un parásito alimentándose de su huésped, pero los comportamientos también se pueden inferir a partir de ciertas características morfológicas que se correlacionan de manera consistente con determinados comportamientos en formas actuales”.

Por ejemplo, a partir del estudio de un macho de una nueva especie de colémbolo muy bien conservada en el ámbar, el equipo de investigadores ha podido comprobar que ya por aquel entonces estos organismos recurrían a prácticas de cortejo sexual para propiciar el encuentro con las hembras: “el ejemplar fósil que hemos descrito presenta las antenas modificadas en un órgano prensil para sujetar a la hembra durante la reproducción”. A partir de ahí han podido establecer conexiones con especies acuáticas actuales que disponen de ese mismo tipo de apéndices para garantizar la transmisión del esperma en la superficie del agua. “Además, el ejemplar estudiado, el único registro fósil de esta familia, presenta una serie de características morfológicas que indican que vivirían en la superficie del agua”, señala Alba.

Reconstrucción de los paleoambientes edáfico y acuático en un bosque productor de resina del Cretácico Inferior de España_Ilustración por Oscar Sanisidro
Reconstrucción de los paleoambientes edáfico y acuático en un bosque productor de resina del Cretácico Inferior de España. Ilustración por Oscar Sanisidro.

Un mundo diminuto con mucho que contar

“De hecho, los colémbolos conforman un grupo muy diverso que se encuentra actualmente en variados ambientes terrestres pero también acuáticos”, nos cuenta la investigadora. Una valenciana que mantiene intacto el entusiasmo por el estudio de los fósiles y las historias que nos revelan: “La paleontología es una disciplina apasionante. Es difícil describir lo emocionante de descubrir y excavar un fósil en un yacimiento, y ser el primero en observarlo tras haber permanecido enterrado durante millones de años. Las excavaciones de ámbar son diferentes en muchos aspectos a las excavaciones de, por ejemplo, macrovertebrados como los dinosaurios. A diferencia del trabajo con grandes vertebrados, se trata de una labor a ciegas. Cuando se descubre y excava una pieza de ámbar desconocemos qué contiene en su interior. Cada pieza se limpia, corta y pule cuidadosamente en el laboratorio, y es necesario el uso de una lupa o un microscopio para separar las que presentan bioinclusiones, es decir restos de organismos, de las que no”.

Ahora, tras la presentación en sociedad de este colémbolo con intenciones de Casanova, Alba está ya centrada en el estudio de otro grupo de artrópodos del suelo, los isópodos terrestres u oniscídeos, más conocidos como “bichos bola”. Dejamos de interrumpirla para que pueda continuar con su tarea tras el receso… No sin antes proponerle y proponer a nuestros lectores que participen en el concurso para dar nombre coloquial a este colémbolo al que tantas horas de estudio ha dedicado Alba. Si quieres participar, envíanos tu comentario a este artículo -desde el espacio que encontrarás debajo del mismo- con el nombre que te gustaría tuviera el insecto del que hemos hablado en él o mándanos un mensaje a prensa@igme.es. Si te animas, también puedes mandarnos un dibujo con el aspecto que te imaginas que podría tener nuestro  colémbolo o aprovechar la plantilla de abajo y colorearla. Entre todas las respuestas recibidas elegiremos un nombre para este colémbolo macho para el que por sus habilidades amatorias desde la redacción del Boletín GEA os sugerimos dos posibles nombres, Casanova o Giacomo, en honor del famoso conquistador veneciano.

Colembolo_01

* El ganador del sorteo, recibirá un pequeño obsequio en atención a su participación en el concurso.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


Y si te interesa cómo contaron los medios de comunicación la noticia, entra en nuestro tablero sobre El cortejo sexual en los colémbolos ya existía hace 100 millones de años

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Isabel Escusa dice:

    Mi propuesta para el nombre del coléombo sería en singular “Sucubillo” y para referirte a más de uno “Sucubillos”. Un nombre fácil de pronunciar y original! Saludos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias Isabel. Anotamos la propuesta de nombre para nuestro colémbolo. Un saludo,

      Me gusta

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