Los geólogos son útiles y transforman el paisaje

A monograph of the Foraminifera of the Crag (Fuente: https://www.biodiversitylibrary.org/pageimage/10762881)

Hubo un tiempo en que en la desembocadura de la Ría de Bilbao se formaban montículos de arena que dragaban y dragaban y las corrientes del río volvían a depositar sistemáticamente a la misma altura de la salida del río al mar. Un problema sin solución, al menos hasta que recurrieron a la opinión experta de un geólogo que les aleccionó sobre la procedencia de esos sedimentos, marinos y no fluviales como se venía apuntando tradicionalmente. Y construido un muro de contención contra el ímpetu del mar y sus depósitos en forma de foraminíferos se acabó el problema. Resuelto el mismo ya vendrían luego la construcción del puente colgante de la ciudad, etc., etc. Lo que demuestra que los geólogos son útiles y transforman el paisaje. Y fin de lo que podría ser un cuento con final feliz que pueden conocer en mayor detalle científico-técnico si leen el trabajo de Alejandro Cearreta, “Cambios medioambientales en la Ría de Bilbao durante el Holoceno”. Pero no terminamos de entender cómo unos sedimentos pueden ser tan pertinaces y sobre todo, ¿qué son los foraminíferos!

Contactamos con Isabel Reguera, geóloga marina del IGME, que actualmente trabaja en el Golfo de Cádiz y en el Mediterráneo precisamente centrada en la vida de estos microorganismos. Participa en proyectos como FAUCES, enfocado a analizar los riesgos y sedimentos en cañones submarinos y cómo afectan a la morfología de la plataforma oceánica, pues literalmente se están comiendo el puerto.

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A los foraminíferos me dice, “se los conoce con lupa binocular” y hay evidencias de su existencia desde el Cámbrico. Como puntualización histórica, entre ellos, me cuenta, “hay unas arenas superchulas que son como lentejas y que en tiempos de los romanos se usaban como moneda de cambio por lo regular de su tamaño y forma”. No crean sin embargo, que estamos ante un colectivo uniforme, porque esta legión de microorganismos adopta diversas formas: “no todos calcifican igual, porque, para proteger su núcleo, esconden sus orgánulos más importantes dentro de la concha”. Aunque sí bien conocidos por los expertos que “desde hace mucho los han estudiado incluso en forma fósil, porque son bastante abundantes, lo que permite que haya bastante cantidad de muestra para poder categorizarlas y dada su estabilidad isotópica facilita la comparación de ejemplares muy distantes geográficamente”.

Muchos y variados

Isabel nos explica que también se hacen estudios en foraminíferos vivos, “porque es tan fácil como asomarse a la playa y tomar una muestra de la columna superior del sedimento”. Así se ha podido analizar cómo cogen el alimento, aunque no se vayan a pensar que la dieta de estos organismos marinos es también predecible, porque como nos comenta Reguera, “son bastante elitistas a la hora de comer”.

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© Hans Hillewaert

Invitamos a Isabel a reflexionar sobre el hecho de que practica la geología forense, toda vez que estudia los cadáveres de foraminíferos. “Es verdad” –reconoce, para a renglón seguido explicarnos en qué consisten los análisis en vivo-: “haciendo una disolución con agua oxigenada y rosa de bengala se echa en el barrillo para teñir el citoplasma y así poder identificar en el organismo que hasta hace un instante estaba vivo su manera de vida, el tipo de alimento que ingería, la ecología de su entorno…”. De hecho, nuestra experta se dedica a  hacer interpretaciones en paleoambientología que ayudan a caracterizar mejor, porque como asegura, “a los geólogos nos gusta mucho el actualismo. Viendo la traza calcárea de la concha, puedes deducir qué temperatura tenías en ese momento, por ejemplo, lo foraminíferos planctónicos te dicen una cosa, te hablan a través de su concha, porque ésta cristaliza bajo unas determinadas condiciones”. Estos microorganismos, parte de la microfauna marina, tan dispares unos de otros tienen una característica común y es que necesitan salinidad, puesto que también se dan en entornos de tipo salobre como las marismas.

Las “pocas” aplicaciones de la geología en la vida real

Al recordarle el caso con el que abríamos nuestro relato, lo que en su momento fue una pesadilla resuelta por un geólogo en la Ría de Bilbao, la investigadora nos confiesa que “la geología es una ciencia muy básica, poco apreciada, con poca aplicación inmediata y sin aparente valor económico añadido. Somos muy polivalentes, hacemos tectónica, sedimentología, geoquímica…, pero tenemos poca representatividad como demuestra nuestra ausencia de muchos estudios de impacto ambiental que se hacen. Los investigadores en este campo costamos mucho, pero aportamos poco a ojos de la sociedad”.

 

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© Liangtai Lin

¿Y qué aplicación tiene el estudio de unos microorganismos apenas imperceptibles de los que Isabel cuenta un promedio de unos 300 individuos en las asociaciones de sus muestras? “Muy fácil”, según nos explica Isabel. “Algunas especies son características de un tiempo geológico determinado, lo que, por ejemplo, permite datar la edad de un determinado yacimiento. Vas buscando una edad para localizar en una plataforma petrolífera dónde debes “pinchar” para encontrar petróleo. Aparte, puedes caracterizar la ecología o el tipo de ambiente en que esos seres se depositaron. Los bentónicos, por ejemplo, viven dentro o sobre el sustrato que puede ser más o menos arenoso o fangoso, los Cibicidoides pachydermus, uno de los más comunes a la profundidad habitual a la que se recogen la mayoría de los testigos oceánicos son muy estables y aunque se pensaba que eran una única subespecie, a raíz de análisis de ADN se ha descubierto que no son tan homogéneos”. Actualmente los foraminíferos están dispersos por toda la Tierra: “habrá unas 4000 especies, de las que 3960 son bentónicos y solamente 40 planctónicos”. Así que como dice Reguera “¡Dios me libre de nombrarlos a todos!”.

Después de oír a Isabel y conociendo sus filias por la cultura nipona, a uno le entra una cierta aprensión jainista y piensa que cuando pise la playa la próxima vez tendrá más cuidado para no dañar a sus queridos “foratas”, a los que me imagino diminutos, levantando sus bracitos, pseudópodos del citoplasma aclara ella, asustados por la presencia invasiva de los humanos en su territorio. ¡Téngalo en cuenta!

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


Y si te interesa cómo contaron los medios de comunicación la noticia, entra en nuestro tablero sobre Foraminíferos

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

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