GEOCULT.- La peligrosa fascinación de la naturaleza

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Allgeier family inheritance, published in 1931 as cover picture for the book jacket of Die Jagd nach dem Bild – 18 Jahre als Kameramann in Arktis und Hochgebirge by Sepp Allgeier.

“Fanck, obsesionado por captar con la cámara la singularidad de las heladas grietas, apenas pensaba en los peligros en que nos encontrábamos. Y esto le fue fatal. A centenares de metros por debajo de la cabaña de Vallot se habían despeñado los aparatos. Él dio unos pasos adelante en busca de las mejores perspectivas, y entonces le vimos, a sólo veinte metros de donde estábamos nosotros, deslizarse silenciosamente. El glaciar lo había tragado. Nuestro pequeño grupo quedó sumido en un silencio sepulcral, pero sólo por unos breves segundos […] ¡Una señal de vida! Los hombres percibieron un tirón en la cuerda. Se pusieron a tirar con todas sus fuerzas, y apareció la cabeza de Fanck. Todavía con el cigarrillo en la boca, que durante la caída había sujetado entre los dientes. En calma, como si nada hubiese sucedido, trepó fuera de la grieta y continuaron realizándose las tomas con la cámara”. Así describía Leni Riefenstahl, la que fuera realizadora del régimen nazi el trabajo de Arnold Fanck durante el rodaje de “Tormenta en el Montblanc“, en plena República de Weimar. Un coraje que ya la hipnotizó al contemplar el salto de un hombre saltando de una pared rocosa a otra en “El Monte del Destino”. Quien ideaba esas escenas imposibles en plena montaña para la UFA no podía ser más que un doctor en Geología -con una tesis en torno a la deformación sin cizalla de los fósiles por las fuerzas tectónicas y su influencia en la determinación de los tipos. Observación y preparación en los pelecypodos de la molasa marina en St. Galler (Die bruchlose Deformation von Fossilien durch tektonischen Druck und ihr Einfluß auf die Bestimmung der Arten. Beobachtet und bearbeitet an den Pelecypoden der St. Galler Meeresmolasse), al norte de los Alpes-. Aficionado además a la fotografía y al Bergfilme, esa especie de cine panfletario de corte romántico que tanto gustaba a los nazis, pese a que Fanck hubiera incluso llegado a mantener contacto con Lenin durante su estancia académica en la Universidad de Zurich. Películas con poco argumento, o en las que la parte visual dominaba sobre el relato plagado de estrambóticas ninfas danzarinas o inocentes aldeanas capaces de heroicidades de escalada al modo de las de nuestro Luis Carcavilla, ahora mismo embarcado en llegar a la cima del Dhaulagiri.

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El cámara alemán Sepp Allgeier (1895–1968) y su colega austríaco Hans Schneeberger (1895–1970) en el Trient Glacier situado en el Mont Blanc Massif, cantón de Valais, Suiza 

Un fin del mundo idílico, agreste, montañoso, donde impera la ley de la supervivencia frente a una naturaleza fascinante y letal. “Sin ir atados con cuerdas, como en casi todas las películas de Fanck, bajamos velozmente desde los 4400 metros hacia la estación de montaña, pasando por delante de las gigantescas grietas, cruzando angostos puentes, laderas escarpadas, a través de nieve polvo y hielo”, comentaba la realizadora alemana de su mentor tras la cámara.

Donald G. Daviau (University of California, Riverside) en su estudio sobre la obra del alemán “The Artistic Films of Arnold Fanck, the Apostle of Skiing and High-Mountain Climbing” apunta que “ningún otro medio puede brindarle al espectador la experiencia aventurera de las montañas, ya sea una alegría exuberante o una tragedia mortal, con mayor inmediatez e impacto que la película. Arnold Fanck, legítimamente considerado  Der Begründer des Bergfilms, fundador del género de cine de montaña, así lo creía, y fue una de las razones por las que se convirtió en cineasta. Amaba las montañas, en particular las montañas por encima de la copa de los árboles, su especialidad, y quiso hacer posible que otros, que nunca llegarían a disfrutarlas en la vida real, las experimentaran (vicariamente) en todas sus facetas. Esta fue la motivación detrás de todas sus películas de montaña”. Por eso, y aunque el cine estuviera en esos momentos en la era de los decorados, de la escenografía, Fanck elige la más espectacular, también la más incontrolable, rodando en escenarios naturales, en apriscos, cuevas, glaciares, poniendo siempre a prueba  sus intérpretes en tomas muchas veces únicas e irrepetibles como las que vemos en “Die Weiße Hölle vom Pitz Palü“. Cine de exaltación de los valores patrios con reminiscencias de pintores como Philip Otto Runge o Joseph Anton Koch, llegando a ver en ellas procesiones de antorchas en la oscuridad de infausto recuerdo en la memoria de todos como apunta Erich Renstchler en “Montañas y modernidad: Reubicando el cine de montaña”. Cine mudo con apenas concesiones narrativas, porque lo que importa es que  cada secuencia va un paso más allá en su carga de dramatismo respecto a la anterior, como sucederá en “SOS Iceberg“, grabada en Groenlandia, dejando sin aliento a los espectadores.


Y si te interesa cómo se experimentaba la montaña y la geología en otros tiempos, entra en nuestro tablero sobre ¡Cómo hemos cambiado!

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

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