El hombre de las costras

3.jpgEn realidad, estamos frente a lo que podríamos llamar un matrimonio por poderes: “Empecé a interesarme por las costras sin haberlas visto y luego las conocí en el almacén del departamento en Tres Cantos, que fue cuando pude tocar por primera vez las muestras recogidas de la Campaña Drago de 2011 y más tarde, las que recogimos en una de las dragas que tiramos cuando estuve a bordo del Hespérides”, nos cuenta Egidio Marino, investigador del Área de Geología Marina del Instituto Geológico y Minero de España.

 

“Más que estudiar las leyes básicas de la formación de las costras estudiamos cómo afecta a nuestra vida diaria”

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A partir de entonces el hombre de las costras fue otro. Conoció a Javier González, un experto internacional en mineralizaciones marinas, mientras decidía qué prácticas hacer y lo tuvo claro. De ahí a participar en la campaña Subvent sólo hubo un paso y lo siguiente fue descubrir una pasión desconocida por las costras de manganeso. “Muchos de los elementos que se encuentran dentro de las costras sirven en nuestra vida diaria: las tierras raras con las que se fabrican componentes de los móviles, el cobalto para hacer aleaciones de acero o radiografías de edificios que permiten ver daños estructurales… El hecho de que bajo el mar haya yacimientos enriquecidos de metales que nos hacen la vida más fácil todos los días me pareció extraordinario”, dice Egidio.

Pero…, seguimos sin comprender qué es exactamente una costra, a lo que muy didáctico nos detalla: “es una concreción de hidróxidos de hierro y manganeso encima de montes submarinos. En sección es como una roca sedimentaria, las hay más o menos espesas, son relativamente coherentes, no se deshacen, pero al tocarlas te manchan las manos como si tocaras carbón. Tienen diferentes formas; pueden ser bulbosas y desde arriba parecen huevos de tortuga unidos entre sí, otras son grandes caparazones, porque cada forma dependen del sitio donde se han formado”. Un conocimiento de la materia que, llegados el caso, le permitiría distinguir el origen de una en concreto, pues como nos asegura, las del Antártico suelen ser más marrones por el hierro, frente a las del Pacífico, más negruzcas porque ricas en manganeso. Un universo inacabable que abarca desde el visu, la forma exterior, a las interacciones atómicas que se ven al microscopio Sincrotron. “Son yacimientos relativamente nuevos, se han empezado a estudiar desde los años 70-80 y todavía se hacen descubrimientos sobre ellos. Hay gente intentando clasificarlos. Hay mucho por hacer”, asegura.

“Son yacimientos relativamente nuevos, se han empezado a estudiar desde los años 70-80 y todavía se hacen descubrimientos sobre ellos. Hay gente intentando clasificarlos. Hay mucho por hacer”

No vayan a pensar que el conocimiento de Egidio, con cierto aire de estagirita por lo barbado, se circunscribe a la contemplación descriptiva: “Más que estudiar las leyes básicas de la formación de las costras estudiamos cómo afecta a nuestra vida diaria”

Y a pesar de que sigue sintiendo cierta incomprensión, sabe que poco a poco se van conociendo sus costras: “gracias a artículos como el del telurio que hizo la BBC las personas se van enterando de que hay algo en el fondo del mar que se puede aprovechar”. La pregunta inmediata es si detrás de ese afán investigador se esconden intereses meramente económicos: “antes de pasar a una fase de explotación hay que hacer estudios de viabilidad, rentabilidad, medioambientales y hay que buscar o incluso crear la maquinaria capaz de resistir la presión a esas profundidades de casi 5.000 metros.  Se analiza cómo sacar la mineralización sin extraer con ella la roca de fondo, puesto que hay un porcentaje de mineral por debajo del cual la minería no es rentable”, nos comenta. Según Egidio, las generaciones precedentes no aplicaban esa ética geológica que se espera de ellos, conscientes del colapso al que ha llegado el medio ambiente.

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Nuestro investigador calabrés pertenece a esa rara estirpe de especialistas en una materia que pocos estudian. Por poner un ejemplo, de celebrar una cena navideña, podríamos reunir a todos los Egidios del mundo en un restaurante de no muchos comensales bien avenidos. “Somos pocos, pero nos hacemos valer -asegura sonriendo-. El verano pasado estuve en Hannover en el BGR y con el grupo de geología marina estudié las costras con maquinaria de más alta resolución y hemos obtenido unos resultados que pueden servir para ver el enriquecimiento en distintos metales”. Al hablar de lo suyo a Egidio se le escapa un “en mis costras”, que nos hacen pensar que el trabajo de muchos investigadores roza la devoción. Según nos explica, eso obedece a que en Madrid es el único que habla de ello. Pero seguimos… “en mis costras -decía-, de las Canarias, hemos visto que hay momentos puntuales en que determinados procesos genéticos crean pequeñas láminas por encima de las costras que pueden cambiar toda la composición”. Y podríamos seguir escuchando a Egidio Marino, porque como todo buen investigador no se cansa de querer engatusarnos para seguir contándonos qué tienen esas costras a las que dedica tantas horas. Otro día volveremos, cuando publique el paper y pueda detallarnos todos sus hallazgos. 


PROYECTOS DE INVESTIGACIóN


Y si te interesa cómo contaron los medios de comunicación la noticia, entra en nuestro tablero sobre los yacimientos polimetálicos.

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)

Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

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