LAS VIDAS GEOLÓGICAS DE UN JOVEN INVESTIGADOR

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Iker no sabe si es como Leonardo, un hombre multidisciplinar, o tan sólo un hombre disperso… El caso es que en breve lo tendremos embarcado como Costeau en el Calypso, para ver con sus propios ojos la realidad que cada día teclea en una tarea casi de miniaturista para geolocalizar punto por punto los fondos marinos.

Entrevista a Iker Blasco, investigador del Área de Geología Marina del IGME

Nuestro joven investigador del Instituto Geológico y Minero de España podría decir como Moustache, el camarero de la película “Irma la dulce” que ha vivido muchas vidas, pero eso es otra historia, aunque aquí intentaremos contarles algunas de ellas que hacen de él uno de los investigadores con proyección del IGME.

Su vinculación con las Ciencias de la Tierra surgió de forma fortuita. “Mi vida siempre se ha regido por el ‘prueba y descubre’. Me metí en Geología sin saber siquiera lo que era, después entré en un máster, y ya en las prácticas descubrí las aplicaciones de los datos en la geología. Me gustó, porque significa un constante descubrimiento de los diferentes campos de estudio de la Naturaleza”.

Este georeferenciador de los fondos marinos en breve se embarcará para recopilar información de las placas Coco y Nazca

Actualmente nadie diría que dentro de unos meses se subirá al R/S Sally para irse a las Galápagos y “tocar” lo que lleva describiendo a golpe de tecla desde el Servicio de Cartografía Geológica Marina. “Georeferencio información obtenida a partir de las muestras tomadas del fondo del mar. En los últimos tiempos hay nueva tecnología que seguro abrirá nuevos horizontes. Estaré un mes en una campaña oceanográfica en el Pacífico Centro en el borde de las placas Coco y Nazca. Allí hay mucha actividad tectónica y se recogerán datos gravitacionales, geofísicos y además se realizarán diferentes estudios geológicos para la caracterización desde los inicios de un rift hasta la expansión de los fondos del mar”. Toda una experiencia que quizá sus compañeros de promoción ni sueñen: “De mi promoción sólo 3 o 4 estamos trabajando como geólogos. Cuando estuve la última vez, muchos profesores me hablaban del desánimo que hay entre los estudiantes”. Y lo sabe de buena tinta, porque en esta hiperactividad, esa ansia por no perder ninguna ocasión, Iker ha sido presidente de la Asociación de Estudiantes de Geología del País Vasco. “Me metí en el Colegio de Geólogos como voluntario –donde ahora es vocal-, porque me di cuenta de que hacía falta conectar, falta divulgación científica a pie de calle. Cuando estuve de Erasmus en Gales me hicieron dar una charla en inglés sobre las minas en España y frente a la grada me encontré a 70 personas”, nos explica abriendo los ojos como si aún viera el escenario que al principio le apabulló, pero finalmente logró superar.

“Las nuevas tecnologías seguro que nos van a dar muchas alegrías a los investigadores”

11026118_10152806901546309_5418842166952389071_nDurante los días en que el telurio canario fue noticia en todos los telediarios se dio cuenta de que en materia de ciencia la repercusión mediática traslada los descubrimientos a la sociedad, “pero la gente se queda con la sorpresa y pasado ese momento el interés se diluye, la geología se olvida”.  Por eso no descarta dedicarse a hacer divulgación. De hecho, durante una estancia en la Rioja Baja fue profesor de restauración de huellas de dinosaurios en un campo de trabajo y reconoce que la experiencia le enganchó: “es emocionante seguir descubriendo cosas que te sorprenden, porque además las entiendes y por dentro creces. Trabajas con rocas, algo que nadie entiende, aunque siempre comentan lo diferente que es lo que haces. Falta dar a conocer a la gente lo que significa un geólogo en sus vidas, porque somos necesarios, por ejemplo, para que puedan usar sus móviles. Los geólogos somos los que buscamos muchos de los minerales que se usan para fabricarlos”. Escuchándole hablar se entiende que le apasiona “conseguir que vean el mundo a través de las ideas del tiempo geológico” como intentó transmitir a los chavales que le escuchaban en las sesiones de campo.

En el anecdotario pequeño, debemos decir que este investigador de 29 años ha estado quince días en Atapuerca, haciendo prácticas en la mina de cobre de Aguas Teñidas, en Huelva y hasta ha participado incluso en certámenes de belleza y ahora sigue haciendo esporádicamente de modelo para fotógrafos, aunque creemos que ya es irremediablemente geólogo, porque entiende esta vida como una senda de crecimiento: “Me entusiasma poder ver más allá, descubrir cosas que en la carrera ni intuía”. Queda ahora lo más complicado, que su tenacidad obtenga recompensa: “El IGME es toda una oportunidad, porque aparte de obtener experiencia, no hay muchas empresas a las que les interesen los yacimientos marinos, pues es un campo apenas sin desarrollar. Es muy difícil quedarse, tendría que ser en un proyecto, pero el cosquilleo que se genera cuando descubres algo, la diversión que siento cuando investigo no la cambio por nada”.

PROYECTOS DE INVESTIGACIóN Y PUBLICACIONES

 

Alicia González (alicia.gonzalez@igme.es)
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

 

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